¡SOMOS FAMILIA! Cada hogar, escuela de Vida y Amor

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1. ¡SOMOS FAMILIA ! Y ¡ nacimos familial !

El Aguinaldo del 2006 ya estuvo centrada en la Familia. A ella remitimos también desde este momento[1]. Al mismo tiempo los momentos eclesiales que vivimos después de dos sínodos y la Exhortación Apostólica “Amoris laetitia” del Papa Francisco nos exigen, -gustosamente para nosotros como Familia Salesiana, centrar nuestra mirada educativo pastoral en la familia.

Todos tenemos la fuerte vivencia personal de que hemos nacido en una familia, y ¡nacimos familia!, con la belleza y limitaciones de toda familia, pero en definitiva en el seno de una familia. Familia que es esa realidad humana muy concreta donde se aprende el arte de la Vida y del Amor.

La familia, bien lo sabemos, está hecha de rostros, de personas que aman, hablan, comparten y se sacrifican por los demás en el seno de la misma, defendiéndose y defendiendo la vida propia y de los suyos a toda costa. Uno se hace persona viviendo en familia, creciendo, por lo general, con los padres, respirando el calor del hogar.

Es en la familia, en el hogar donde se recibe el nombre y por tanto la dignidad, donde se experimentan los afectos; donde se saborea la intimidad, donde se aprende a pedir permiso, a pedir perdón y a dar las gracias.

La familia es también -lo sabemos- primera escuela para los niños, grupo de pertenencia imprescindible para los jóvenes y el mejor asilo para los ancianos.

Todo esto es algo de lo que desde la dimensión humana, antropológica, hemos vivido todos de una manera u otra.

Al mismo tiempo no perdemos la perspectiva de lo que significa la realidad de la familia  y Dios Comunión-Amor porque la familia es un gran signo-sacramento del Dios Trinitario que es Comunión-Amor

La familia es también seno materno (’grembo’) en el que el Hijo de Dios hace un camino de Humanización.

Y además, los destinatarios de este Aguinaldo somos también familia salesiana que tiene un fuerte y siempre creciente sentido de que SOMOS FAMILIA.

Como grupo religioso (congregaciones, institutos, asociaciones de vida apostólica, asociaciones de fieles…) tenemos un fuerte sentido del vínculo de familia religiosa que nos une.

Incluso casi todos nuestros grupos de familia salesiana tenemos recogido en los diversos estatutos el espíritu de familia y el clima de familia como parte constitutiva de nuestro ser, y también la acción pastoral hacia la familia, con las familias, para las familias.

Esta premisa explica nuestro deber como familia salesiana, un deber que no solo es de no mirar en otra dirección distinta a aquella en la que está fuertemente implicada la Iglesia Universal, hoy bajo la guía del Papa Francisco, sino el deber de hacer una ‘lectura salesiana’ -como educadores que somos de niños, niñas, muchachos, muchachas y jóvenes-, y de dar nuestra humilde contribución.

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