“Señor, dame esa agua” (Jn 4,15) CULTIVEMOS EL ARTE DE ESCUCHAR Y ACOMPAÑAR

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Mis queridos hermanos y hermanas de la Familia Salesiana en el mundo:

Como es tradición, al final del año presento el Aguinaldo a nuestras hermanas, las Hijas de María Auxiliadora, y desde ese día quiere ser un don para toda nuestra Familia, doquiera nos encontremos. Se pretende ayudar a tener un mismo corazón y una misma mirada como mensaje que acompañe tantas iniciativas en todos nuestras Instituciones y en la misión que cada cual llevamos a cabo en este hermoso árbol carismático que es la Familia Salesiana.

El tema elegido para el año 2018 tiene continuidad con el del año anterior y es introducción de un gran acontecimiento eclesial que ya se está preparando: la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos que el Papa Francisco ha convocado con el tema “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”.

Un lema y un tema que toca de lleno lo más esencial de nuestro carisma y que prepararemos de la mejor manera posible sensibilizándonos nosotros mismos y haciendo partícipes a muchos laicos y jóvenes de la importancia de este hecho en la vida eclesial. “Con este Sínodo, en palabras del Papa Francisco, la Iglesia ha decidido interrogarse sobre cómo acompañar a los jóvenes para que reconozcan y acojan la llamada al amor y a la vida en plenitud, y también pedir a los mismos jóvenes que la ayuden a identificar las modalidades más eficaces de hoy para anunciar la Buena Noticia”[1].

El Aguinaldo que este año les ofrezco pretende, justamente, ayudar a esto en todas nuestras presencias, como Familia.

El lema elegido, que es sencillo y muy directo, contiene dos elementos de vital importancia para nuestro mundo de hoy: la escucha y el acompañamiento personal. Se lo ofrezco siguiendo un hermosísimo texto evangélico que nos iluminará y dará pie a variadas reflexiones; es el encuentro de Jesús con la mujer samaritana, en el que, desde la diversidad de género y de etnia, además del antagonismo religioso, llega al encuentro más profundo con la otra persona, hasta el punto de cambiar su vida.

Les invito a acogerlo con la buena disposición de cada año y a aprovechar lo que les pueda ser más adecuado para su situación pastoral, la que cada uno de nosotros vive en los diversos contextos culturales en los que nos encontramos.

Por mi parte puedo decirles que, en los cientos de encuentros que he tenido en estos ya casi cuatro años con jóvenes de los cinco continentes, he llegado a la certeza de que las presencias de las casas de nuestra Familia Salesiana están llenas de miles y miles de jóvenes buenos, abiertos a la vida, con el deseo de formarse, de aprender, jóvenes en búsqueda. Muchos de ellos, con un gran corazón generoso, que desean servir a los demás, hacer algo por los otros, ayudar, donarse.

Jóvenes que nos piden ayuda para seguir creciendo y madurando su fe. Otros que no lo piden, pero que tienen una gran necesidad de encuentro personal y de escucha. Son muchos los que estarían bien dispuestos a hacer un camino personal y comunitario de discernimiento y acompañamiento.

Y me digo, ¿a qué esperamos? ¿Por qué no decidirnos a estar mucho más disponibles para acompañar a todos nuestros jóvenes en lo más importante de sus vidas? ¿Qué nos frena? ¿Por qué “ocuparnos” o “entretenernos” en otras cosas si esta es una verdadera prioridad educativa y de evangelización?

Daremos pasos mucho más significativos, mis queridos hermanos y hermanas, el día en que nos convenzamos totalmente de que más importante que lo que hacemos es lo que somos y quiénes somos; más importante que ofrecer cosas y actividades a los adolescentes y jóvenes, y a sus familias, es ofrecerles nuestra presencia, escucha y diálogo. Eso sí deja ‘huellas de vida’ para siempre. Y esto con los jóvenes y con las familias.

Lo que les acabo de decir es la verdadera y profunda motivación de la elección del Aguinaldo de este año.

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