“Con Dios todo y sin Dios nada”

homero

SEMBLANZA DEL PADRE, HOMERO BETANCOURT RAMIREZ, SDB.

Entre el vaivén de los salesianos de Cuba su figura puede pasar desapercibida para algunos, sin embargo sus años de vida y su aspecto serio y formal él siempre está. Y es que ahí está la esencia de la felicidad del padre Homero…

“…para mi la felicidad es cumplir con mi deber”.

Homero de Jesús Betancourt Ramírez nació en Cienfuegos el seis de agosto de 1919, siendo el tercero de cuatro hermanos. Tres varones y una hembra.

“Éramos una familia muy unida, mi padre Pedro Antonio Betancourt era guardia rural y mi madre María Magdalena Ramírez se dedicaba a lavar y a planchar. En el centro de mi casa estaba el cuadro del Sagrado Corazón de Jesús, devoción arraigada en toda Cuba, y el de la patrona de Cienfuegos la Inmaculada Concepción”.

A pesar del ambiente católico en su hogar y de haber estudiado en el Colegio Champagnat de los Hermanos Maristas, durante su adolescencia visitaba la Iglesia Bautista invitado por una norteamericana, es persuadido por su padre para que defina su opción de fe, y lo que lo define es el gusto por el deporte que practicaba en el patio del colegio católico, entonces decide bautizarse, confirmarse y permanecer para siempre en la Iglesia Católica.

Con 14 años entra en el Seminario, pero no siente vocación a ser hermano marista pues no le motiva ser maestro, sin embargo “…luego como salesiano tuve que ejercer el magisterio”. Es presentado a los Salesianos en el Seminario de Guanabacoa por el Hermano Manuel y es aceptado en 1938.

“Luego hice mi noviciado en Centroamérica, específicamente en el Salvador, de allí guardo unos de los recuerdos más gratos de mi vida cuando el Cardenal Arteaga, primer cardenal de Cuba y de la región, participó en un Congreso Eucarístico”.

Realizó su profesión perpetua en Matanzas en 1946, y luego los estudios teológicos los hizo en California y los terminó en Bolengo, Turín.

“Allí en Turín me ordené sacerdote el 1 de julio de 1972, por imposición de manos de Monseñor Pablo Rostagno, Obispo de Ivrea. Celebré mi primera Misa en el Basílica de María Auxiliadora, este es otro grato recuerdo de mi vida, además de poder visitar la casa de Don Bosco a quien tanto admiro”.

Ordenado sacerdote regresó a su tierra natal. Cantó su primera Misa en Cuba en la capilla del Colegio Champagnan de Cienfuegos y comenzó a trabajar en el Colegio Salesiano de Güines como administrador “…casi siempre me ha tocado ejercer como ecónomo en la comunidad religiosa”.

En 1961 el padre Inspector tiene que refugiarse en una Embajada y lo envía a abrir la parroquia de Nuestra Señora de la Caridad en Camagüey que en esos momentos se encontraba en manos de los milicianos.

“Este es uno de los momentos más críticos que recuerdo tener que trabajar con la interferencia de los milicianos. Bautizaba en el día y en la noche celebraba matrimonios.”

Salió de Camagüey por petición del padre Inspector para Suramérica “…nunca supe el motivo de este cambio” y aquí radica lo que más le molesta “…que me cambien sin darme las razones”.

Una situación especial en la vida del padre Homero lo aleja de la Congregación, hecho que recuerda tristemente. Entre 1972 y 1988 debe cuidar a su madre, sola y enferma por lo que debe incardinarse en la Diócesis de Miami, acogido por el arzobispo monseñor Edward A. McCarthy.

“En aquel momento no pedí salir de la congregación, pero debido a mi ausencia prolongada alguien me sugiere que solicite de la Santa Sede la “exclaustración simple”, concedida en 1980. Empecé a trabajar en la parroquia San Juan Bosco de Miami, hasta la muerte de mi madre en 1988, cuando expresé mi deseo de reintegrarme a la Congregación”.

Desde 1996 reside en Cuba, mayormente en la Casa salesiana de Camagüey, donde no ha cejado en su empeño de trabajar para la juventud. Disfruta de sus pasiones por la lectura y el deporte, sobretodo el béisbol.

“…busco la revista de la congregación para leer la cronología de hermanos difuntos y rezar de una manera especial por aquellos que conocí o trabajaron conmigo.  Una de las personas que más admiro y más han influido en mí es el padre Vandor, que fue mi confesor”.

El padre Homero es un fiel testimonio de cercanía a Dios, su vida como hijo  estuvo inspirada en la valoración del sentido de la familia, su vida como salesiano en la observancia de los consejos evangélicos, su vida como sacerdote en el servicio dúctil y constante a la Iglesia; pero esas inspiraciones  siempre mediadas por un inmenso amor a Dios que lo hace corroborar la máxima de su vida:Con Dios todo y sin Dios nada”.

Por Alejandro Satorre Morales

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