“VAYAN POR TODO EL MUNDO”. DOMUND 2013. OCTUBRE

“VAYAN POR TODO EL MUNDO”. DOMUND 2013. OCTUBRE
 Recuerdo que siendo niño celebrábamos el día de las misiones. Íbamos por las calles con unas “huchitas” pidiendo una limosna a las personas que nos encontrábamos. No se trata de tener nostalgia del pasado, pero creo que había un espíritu misionero que nos unía y acercaba en la distancia.
 El Papa Francisco, refiriéndose a esta Jornada Misionera Mundial,  nos acaba de decir que el método de la misión cristiana no es hacer proselitismo;  es el de compartir la llama que calienta el alma”.  Necesitamos recobrar el hálito de vida que movió a tantos hombres y mujeres que sembraron con generosidad los campos sedientos de Dios. En este sentido es importante darnos cuenta de que la Iglesia de Jesucristo es Evangelizadora por Naturaleza; no es un rasgo secundario sino central de su identidad.
 Nos vendría muy bien, para no quedarnos en vanas teorías, refrescar la memoria y aprender de personas concretas que han vivido, y viven  en esta línea de evangelización y donación; no hay nada como el ejemplo. Personas que  se desgastaron, se consumieron como una vela. Gracias a ellas tenemos un poco más de luz y podemos percibir, aunque sea de manera incompleta, la Salvación a la que estamos llamados y que ya ha comenzado. Son personas, como dice el Papa Francisco, que trabajan tanto sin hacer ruido y que dan su vida”. El Papa  Francisco recordó el caso de la italiana Afra Martinelli, que ha trabajado durante muchos años en Nigeria. Hace unos días fue asesinada con la intención de robarle; “todos han llorado, cristianos y musulmanes”. Era muy querida. Así fue también la vida del P. Vandor, entregada, silenciosa, enamorada de Dios.  A veces me pregunto,  si no anunciamos el Evangelio, ¿no será que nuestra experiencia de Dios es superficial?
 Espero que esta Jornada Mundial Misionera nos anime a salir de nuestros “cuarteles de invierno” y afrontar con valentía los rigores del clima. Será una buena señal de que nuestro árbol de la FE empieza a dar frutos.
  Con el aprecio de siempre

P. Miguel Ángel Fernández

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