Amar es la palabra calve

Decía san Francisco de Sales que: “cuando el fuego del amor está en nuestro corazón, todos los muebles vuelan por la ventana”. Así es para todos aquellos que amamos intensamente al Señor y le servimos generosamente como trabajadores de su viña allí donde Él desea sembrar y hacer fructificar su Reino.

Amar es la palabra clave y es, al mismo tiempo, misterio y desafío permanente en la vida de todo discípulo, de todo creyente, de todo hijo de Dios, de todo aquel dando lo mejor de sí se dispone a agrandar su Sí a Dios sirviendo a los demás.

Es esta la experiencia de nuestras hermanas salesianas que han trabajado en Manzanillo durante veinticinco años. Fue en medio de ellas donde aprendí a amar a los niños y jóvenes. Con ellas conocí a Don Bosco y madre Mazarello y de estos santos pude beber toda esta rica espiritualidad que enriquece la vida de la Iglesia. Lo que hoy soy se lo debo a estas mujeres que fueron capaces de sembrar en mi vida el amor por el carisma salesiano. Hermanas apasionadas y alegres, que fueron capaces de hacerme descubrir que es posible ser feliz dándose enteramente y sin reservas al Señor. Ellas me ayudaron a descubrir mi mayor felicidad, mi mejor regalo, la propuesta de amor más grande que el Señor me ofrecía a favor de esos jóvenes que esperaban por mí, siguiendo los pasos de nuestro padre y amigo san Juan Bosco.

Dice William Saroyan que “lo bueno nunca muere y que el amor es inmortal y convierte todas las cosas en inmortales”. Lo bueno que recibí de cada una de ellas, muchas de las cuales hoy están en el cielo junto al Señor, me ha hecho experimentar en mi caminar este Amor que las mantendrá inmortalizada en lo que soy y en lo que he de ser.

Doy infinitas gracias a Dios por nuestras hermanas salesianas y por la presencia de Manzanillo, por la entrega de cada una de ellas que hicieron posible hacerme descubrir que es posible marcar la diferencia, que es posible dar y recibir amor, que es posible ser feliz y hacer feliz a los demás, que es necesario transformar el mundo para que el mundo cambie y crea verdaderamente en el Mesías, el Señor.

Súmate a esta historia que no tiene fin, mientras más nombres inscritos existan en ella, más creíble será y más sentido tendrá seguir haciendo de ella un camino a seguir. “No dejes que nadie que se acerque, parta sin ser mejor y feliz” - decía Madre Teresa de Calcuta -. Que estos cien años de presencia salesiana en las Antillas, y en especial en nuestra querida Cuba, nos permita crecer como Familia Salesiana siempre dispuestos a prender el fuego del amor de Dios en los jóvenes, porque la vida sin amor no vale nada.

Que Dios les colme a todos con sus bendiciones.

Padre Wilgen Cancio Alvarez, SDB

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