LA SANTIDAD DE CADA DÍA: 2ª parte y última

En nuestra Familia Salesiana existen una gran diversidad de personas que han vivido en grado heroico las virtudes y se han santificado en la vida diaria. Son notas musicales diversas cada una, pero, a la vez, forman una melodía armoniosa. Todo ello nos lleva a percibir la huella de Dios en el carisma salesiano. Nos sentimos dichosos que Él nos haya dado un estilo concreto de vivir y alcanzar la santidad. En este sentido, tenemos nuestra responsabilidad para que la huella divina que ha dejado en nuestra Familia, se vaya comunicando y ampliando. En el proyecto de Salvación que Dios tiene se fijó en cada uno de nosotros, quiso darnos a Don Bosco como iniciador de un carisma que generosamente se nos ha ofrecido. Los santos y santas de nuestra Familia han sabido vivir y transmitir este estilo para el bien de la Iglesia y lo han hecho de forma diversa según las diversas culturas y personas.

Fijándome en la carta que en el año 2002, nuestro Rector emérito Don Pascual Chávez escribió a los salesianos, se aprecia algunas particularidades en “nuestros santos”. Si miramos a Don Rúa destacamos su adhesión total a Don Bosco y su humildad; en Don Rinaldi, su paternidad; en Madre Mazzarello, su trabajo y sencillez. Fijándonos en nuestros santos coadjutores, nuestra mirada va a Simón Srugi y Artémides Zatti como ejemplos de la consagración laical explicitada en lo cotidiano del trabajo. También la espiritualidad laical no consagrada tiene sus modelos en mamá Margarita, Alexandrina María Da Costa y Atilio Giordani (Salesianos Cooperadores). Muchos se santificaron en los oratorios como Sor María Romero;  otros destacaron por su tarea evangelizadora, así la mente y el corazón  nos lleva a Monseñor Luis Versiglia,  al padre Caravario y el Beato Luis Variara; otros por su gran espíritu de familia como Don Cimatti. En Don Quadrio se percibe sus dones naturales y de gracia. Dentro de este hermoso jardín salesiano podemos enmarcar a Don Beltrami y Don Czartoryski, cuyas vidas fueron una oblación agradable a Dios. No podemos olvidar a Sor Eusebia Palomino, cuya vida entre los “pucheros y cazuelas” nos recuerdan el dicho de la santa de Ávila: “También en la cocina está Dios”.

No podía faltar la santidad en la adolescencia y juventud como parte fundamental de este jardín salesiano, como son: Domingo Savio, Laura Vicuña, Ceferino Namuncurá y tantos otros oratorianos que sin ser tan conocidos forman parte de esta maravillosa orquesta de santos y santas cuya melodía supera el tiempo y el espacio, porque son eternas. Y, ¡cómo olvidarnos de todos los que sufrieron el martirio cruento por ser fieles a Dios y a los hombres!

No quisiera terminar estas líneas sin nombrar a nuestro querido padre Vandor, sembrador de paz y modelo de la aceptación de la voluntad de Dios: “Señor, si tú lo quieres yo también lo quiero”. Que él, que vivió la santidad de cada día en nuestra querida tierra cubana, nos bendiga, acompañe y pronto, si es la voluntad de Dios, puedan sonar las campanas de gloria en el cielo y en la tierra.

Todavía está presente en nosotros la vida de nuestra querida sor Lina Pegoraro (FMA), signo de santidad vivida en cada momento del día.

¿Quieren ustedes formar parte de este hermoso jardín?

Con el aprecio de siempre, Miguel Ángel Fernández, SDB

Deja un comentario