La voz de nuestros obispos

Nuestros Obispos Católicos de Cuba acaban de publicar una carta pastoral con el título “La esperanza no defrauda” (Romanos 5,5), fechada en La Habana el 8 de septiembre de 2013, con el propósito de aumentar en nuestros corazones la esperanza que debe animar a cada persona y a cada pueblo. Esta invitación tiene una base en la fe cristiana, en la buena voluntad y en la necesidad y el deber de buscar entre los cubanos un futuro mejor para todos.
La esperanza nos lleva a mirar con confianza la realidad en la que vivimos en el ámbito personal, familiar, comunitario, nacional y mundial. Con frecuencia solemos decir que la esperanza es lo último que se pierde. Las personas tenemos dentro de nosotros unos recursos que debiéramos conocer mejor para seguir afrontando con mayor eficacia las vicisitudes que la vida nos plantea. El que no  tiene esperanza no suele avanzar hacia adelante y se deja vencer por la desesperación y la oscuridad. Pero la esperanza no es sólo un mero voluntarismo sino que es una virtud teologal que se fundamenta en Dios y que en María se hace explícita. En este sentido, nuestros Obispos, en la carta pastoral anteriormente mencionada, nos dicen que  podemos contar con la presencia maternal de la Virgen María de la Caridad del Cobre. Lo vimos en la peregrinación por toda la isla de su imagen con motivo de los 400 años de su hallazgo. Nuestra devoción a ella es mucho más que un mero sentimentalismo. La mejor prueba de ello es la experiencia personal que tenemos todos de su continua protección y amparo.

También la visita de Juan Pablo II (1998) y Benedicto XVI (2012), dicen los Obispos, marca nuestra historia con un signo de esperanza. Otros factores que favorecen y son fuente de nuestra esperanza y que destacan nuestros Obispos son: La palabra divina y humana de la Iglesia, el común destino de los bienes materiales, los cambios que se han producido y los que faltan ; se hace alusión a la carta “El amor  todo lo espera” (1993). Asimismo superar nuestra pobreza, la realización personal, un nuevo orden político, el diálogo entre los cubanos, Cuba en el concierto de naciones, la familia y los jóvenes son esperanza de la Patria y de la Iglesia. La carta concluye con una mirada a la Virgen María como Madre de Esperanza.

Quisiera animar a que se lea dicha carta pastoral y, si es posible, se comparta en las diversas comunidades.
Miremos con ilusión nuestra vida y confiemos en Dios que nos dice “Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20).

P. Miguel Ángel Fernández, sdb

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