Mensaje del delegado

Ella es mi Madre

Con frecuencia ciertas palabras no nos dicen nada importante; son para “rellenar” un momento de encuentro y pasar el rato al igual que utilizamos algunos recursos como “pasatiempos”; sin embargo hay otras con las que expresamos realidades que contienen un alto contenido experiencial. Una de las palabras que más carga emotiva tiene es la de Madre. La Beata Laura Vicuña expresaba con esta frase: “Ella es mi Madre”, lo más profundo de sus sentimientos. San Bernardo, en su famoso Acordaos, nos la presenta como aquella que siempre escucha.  El mismo Jesús, desde la cruz nos dio a su Madre. ¡Qué seguridad da al niño los brazos amorosos de la mamá! Si cada uno de nosotros nos pusiéramos a escribir lo que nos suscita la palabra “madre”, y si alguien lo publicara haría mucho bien a los demás. Les animo a mirar el rostro de la Madre, aquella que nos abrazó y nos dio la vida. También les animo, ya que estamos en este mes de Mayo, que pasemos por alguna Iglesia y contemplemos a nuestra Madre bendita. ¿Quieren hacer la prueba? Vamos a mirarla como la llena de gracia, como la Auxiliadora de los niños, adolescentes, jóvenes y no tan jóvenes. ¿No sienten su maternal presencia? Don Bosco decía que Ella era el pararrayos del Oratorio. Si Dios nos hiciera ver todos los momentos en los cuales la Madre nos ha protegido en nuestra vida, quedaríamos asombrados. ¿Acaso se puede dejar de amar a esta Madre?

Los que formamos parte de la Familia Salesiana, en este Bicentenario del nacimiento de Don Bosco, deberíamos invitarla a Ella a que ocupe el puesto que debe tener en nuestras vidas. Sin Ella, la Casa se vuelve fría y no acoge, la Iglesia se queda sin alma, a la Escuela le falta su dimensión educadora y el Patio muere de inanición.

Vamos a ponernos en camino para invocar a la Madre, para amarla, para que el mundo no muera de frío al faltarle el calor materno. Vamos a escuchar sus palabras y sentir su protección. Sin la Madre, la familia se muere; con Ella, el mundo tiene futuro.

Con el aprecio de siempre,

P. Miguel Ángel Fernández, sdb

Deja un comentario