Mensaje del Delegado

Queridos hermanos salesianos, miembros de la Familia Salesiana y amigos todos.

Mi mayor deseo y regocijo es que hayan tenido una hermosa navidad junto a sus familiares y hermanos de comunidad, así como también un buen inicio de este 2016. Con muchas esperanzas iniciamos este nuevo año y con el este importante mes de enero. Mes donde nos preparamos para celebrar la fiesta de nuestro padre y maestro don Bosco. Ciento veintiocho años de haber pasado a la casa del padre. Ciento veintiocho años de historia salesiana y de entrega generosa al Señor; de un hombre, que dejándose amar por Él, supo conquistar el corazón de sus muchachos.

Este es el motivo del por qué celebramos esta importante fiesta en nuestra tierra cubana. La Familia Salesiana nos congregamos en diferentes partes de esta isla para agradecer a Dios, nuestro Padre, por habernos dado en don Bosco, un ejemplo a seguir. Mujeres y hombres apasionados de este gran carisma al servicio de nuestra Iglesia, siguen los mismos pasos de este gran santo para educar y salvar la porción joven, delicada y frágil de nuestra sociedad.

Este año, la solemnidad de nuestro santo fundador va cargada de un matiz especial, precisamente porque daremos apertura en el mes de abril al año del centenario de la llegada de los salesianos a esta isla caribeña. Un año también donde el santo padre Francisco nos invita a vivir la Misericordia del Señor entre los unos y los otros.

Que cada uno de nuestros oratorios, centros juveniles, comunidades y grupos que viven la espiritualidad salesiana, cimbren y hagan cimbrar a los otros en la Alegría Pascual que caracterizó el sistema pedagógico de don Bosco y que le permitió a todo chico que llegaba sentirse en casa, como en familia, acompañado y educado por personas que le aceptan y le aman sin condiciones, y que le muestran el gran Regalo, la mejor Herencia y la mayor Felicidad: Jesús. Cuando propiciamos un ambiente así podemos festejar, podemos agradecerle al Señor por habernos propuesto un camino tan maravilloso y apasionante.

Como Familia Salesiana necesitamos cuidar mucho nuestra casa para que esté siempre acogedora y con un ambiente propicio como siempre lo quiso don Bosco para todo joven que llegara a ella y tocara a la puerta. Esto hace necesario:

ü Que al entrar pueda respirar oración. “El papa Juan Pablo II decía que un cristiano que no ora es un cristiano en peligro”. El autor Philippe Jacques en su libro: “Aprender a orar para aprender a amar” añade que Dios es la única fuente de energía inagotable. Por la oración, “aunque la parte exterior de nuestro ser humano se va acabando, la interior se rejuvenece de día en día”, así como también lo refiere el profeta Isaías (40, 30-31): “Hasta los jóvenes sienten desmayo y fatiga, los jóvenes caerán agotados; mas, los que en el Señor esperan sentirán renovadas sus fuerzas, subirán a las alturas con alas cómo de águila, correrán sin cansarse, caminarán sin sentir el desmayo” Es este el estilo de oración que don Bosco le propuso a sus muchachos y a todo educador. Una oración sencilla, práctica, pero intensa, capaz de mantener al joven en íntima unión con el Señor que levanta del polvo al desvalido y lo salva.

ü Que pueda ver, oler y sentir que se le ama. Una casa donde todos son amados, escuchados y aceptados. Mujeres y hombres como don Bosco, con un corazón misericordioso como el de Jesús, capaces de amar y sentirse amados por sus predilectos. “El papa Francisco dice que un corazón misericordioso no es un corazón débil”. Al contrario, debe ser un corazón fuerte, capaz de infundir vida a los que están opacados, alejados, tristes, faltos de esperanzas y de sentido a la vida. Es a esos a los cuales hay que insuflarle Vida Verdadera, aquella que recibimos en el camino de la fe, desde aquel instante donde nos dejamos encontrar y tocar por Jesús, y no pudimos dejarle pasar de largo. Necesitamos seguir siendo los latidos del corazón de un hombre que habiendo nacido en I Becci y habiendo partido hace ciento veintiocho años a la casa del Padre sigue en nuestras calles y obras buscando esos tesoros en las minas de la vida humana.

ü Que finalmente, en nuestra casa, pueda crecer, cambiar, renunciar para ganar, que aprenda a ser emprendedor, luchador por lo que quiere lograr y alcanzar. Que no renuncie y se deje vencer, que se sepa valioso y capaz, seguro de lo que quiere y por qué lo quiere. Que sepa servir, darse, ofrecerse, sembrar en el otro lo que un día le permitió ser diferente. Que no tenga miedo ir contra la corriente. Que esté preparado para anunciar y educar a otros en la dicha de haberse sentido encontrado, lavado, pulido y embellecido como el tesoro más precioso a pesar de las impurezas que siempre quedarán desde el día en que tocó la puerta de la casa de don Bosco, alguien le abrió y allí para siempre se quedó.

Feliz día para todos los que aman este hermoso carisma a favor de la juventud.

Dios les bendiga,

Wilgen Cancio Alvarez, SDB

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