MENSAJE DEL DELEGADO

Queridos amigos, hemos iniciado la cuaresma, tiempo de gracia y de conversión hacia el gran acontecimiento pascual. Cuarenta días preparatorios y oportunos para morir al pecado y resucitar con Jesús a una Vida Nueva.

Es así que la cuaresma, vista como un camino hacia la pascua cristiana, ofrece como apoyo importante, la lectura de la Palabra de Dios y la oración, así como el ayuno, la penitencia y la limosna. Como bautizados y miembros de la Iglesia hemos de tener presente algunos elementos que son importantes como profetas y sacerdotes del Reino de Dios para vivir auténticamente y con intensidad este tiempo. Desde nuestro ser profetas y testigos de Dios en el mundo, el Papa Francisco en su encíclica “Evangelii Gaudium” nos invita a todos a “salir de la propia comodidad y atrevernos a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio”. Su llamada es insistente: “Salgamos, salgamos a ofrecer a todos la vida de Jesucristo”. Si no partimos de esta impronta para llevar a otros la Buena Nueva, sobre todo, a los más alejados, a los más necesitados del amor de Dios, el espíritu de la cuaresma, que vivimos y respiramos en nuestras comunidades puede correr el riesgo de tornarse frío, lúgubre, poco acogedor e impedirnos respirar y sentir la certeza de la Resurrección, porque el encierro, la pasividad, la monotonía y la rigidez pueden terminar ahogando lo novedoso que acontece tanto dentro como fuera de ellas. Es por eso que el teólogo José Antonio Pagola en su libro: “Volver a Jesús” nos ofrece algunas pistas que son importantes tener en cuenta para que el ayuno, la penitencia y la limosna que vivimos durante este tiempo surtan efecto y den los frutos necesarios.

Primeramente nos habla del “Romper silencios” porque muchas veces tendemos a ser cristianos mudos, sin palabras. Hemos de aprender a dar más la Palabra de Dios. Ser capaces de generar como cristianos y como comunidad de fe, responsabilidad, participación y creatividad. Que todos puedan decir en voz alta palabras buenas, constructivas, liberadoras y consoladoras que muevan a otros a sentirse amados y capaces de amar.

En segundo lugar “Liberarnos de los miedos”. Miedos que nos paralizan para volver a Jesús, que nos impiden vivir la novedad del reino porque tendemos a encapsularnos en lo de “siempre se ha hecho así” El miedo es, en palabras de Pagola, quizás nuestro mayor pecado, porque ahoga la alegría, nos hace vivir bajo el recelo y la sospecha, asfixia la libertad de los hijos de Dios. Donde comienza el miedo termina la fe. Necesitamos por tanto cuidar y potenciar ambientes llenos de confianza, cordialidad, comunicación, participación de todos y búsqueda sincera de la verdad evangélica. El papa Francisco dice al respecto: “Más que el temor a equivocarnos, espero que nos mueva el temor a encerrarnos en las estructuras que nos dan una falsa contención, con las normas que nos vuelven jueces implacables, en las costumbres donde sentirnos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta y Jesús nos repite sin cansarse: Denles ustedes de comer” (Mc, 6, 37)

En tercer lugar “Reavivar la esperanza”, hacia un futuro nuevo que se hace difícil deducir a partir de la realidad de nuestras comunidades, de la falta de un mayor protagonismo juvenil y del marcado envejecimiento de las mismas. Se hace necesario reencontrarnos con Jesús, recuperar esa pasión, ese amor primero al estilo de los primeros discípulos. La gente necesita ver en nosotros cristianos con esperanza en el presente y en lo que vendrá, convencidísimos que si bien la realidad se torna muchas
veces difícil de llevar, la presencia de Jesús en nuestras vidas, nos hace experimentar la paz que viene de Él y además nos convierte en testigos de ella en el mundo porque tenemos un Sentido para seguir viviendo, y es ese Sentido (Jesús) que hace de lo novedoso, lo distinto, lo diferente. Para que demos esperanza contra todas las desesperanzas humanas hemos de cuidar nuestra casa común que es la Iglesia y dentro de ella cada una de las comunidades, mirando no las estructuras sino nuestros estilos de vida, no el número, sino la calidad del seguimiento a Jesús como sus testigos. Sólo así viviremos una verdadera cuaresma que nos mueva a cantar las grandezas del Salvador: Aquél que lo ha hecho todo y lo ha hecho bien.

Padre Wilgen Cancio, SDB

Deja un comentario