Mensaje del Delegado

Queridos hermanos y amigos:

Estamos a la puerta este próximo cuatro de abril de dar inicio a este importante Año del Centenario de la presencia y misión de los Salesianos en las Antillas, especialmente en nuestra querida tierra cubana. Me gustaría citar antes, algunas palabras del libro: “Cosquillas para el alma” de su autora Anne Bryan Smollin, la cual nos dice: “Los comienzos siempre están llenos con una variedad de emociones. Siempre tienen un elemento de excitación y de sorpresa. Poseen el embrujo del misterio. En toda novedad siempre hay un poquito de miedo y de aprehensión. Es como empezar a nadar en aguas desconocidas”.

Es así que nosotros como Familia Salesiana al servicio de nuestros niños, adolescentes y jóvenes presentamos a Dios nuestra mayor Gratitud por habernos dado, en su hijo Don Bosco, un modelo a seguir. Por permitirnos continuar por medio de este hermoso carisma al servicio de la Iglesia en Cuba, esta gran obra a favor de tantas y tantos que han pasado por nuestras casas y nuestros patios. La gran mayoría de ellos, hoy hombres y mujeres, orgullosos de sentirse salesianos, de haberse nutrido y crecido en esta espiritualidad que constantemente busca por medio de la presencia, asistencia, confianza, cercanía y el afecto de cada educador salesiano. Formar un corazón apasionado por Dios y siempre dispuesto a dar a otros lo que les permitió a ellos ser diferentes, con un toque especial, con una alegría pascual que les mueve a amar y a construir un mundo diferente, un mundo donde pueda acoger y sentirse acogido, donde pueda educar y formar, para que estos sean capaces de hacer valer lo esencial: el amar y ser amados.

Cien años para recordar a tantos que lo dieron todo por esta Cuba Salesiana. Esos que llenaron nuestros patios de voces y chillidos, de juegos, de charlas y paseos; de esos que cuidaron nuestros templos para que hoy esta gran Familia pueda seguir celebrando su Fe; de esos que en los momentos más difíciles no bajaron la mirada porque sabían que todo lo que hacían tenía un sentido, comportaba una misión, y a esta misión fueron fieles y lo siguen siendo donde quiera que estén, dentro o fuera de la tierra que les vio nacer. ¡Gracias a cada uno de ustedes y a todos aquellos que ahora comparten esta misma alegría en el cielo junto al Señor!

Pidamos a Dios para que durante todo este año preparatorio a la gran celebración el 4 de abril del 2017, cada una de las experiencias que se lleven a cabo den los frutos necesarios y no pasen en el tiempo como algo bueno que se vivió, sino que sean impulsos para garantizar que otros puedan comprometerse a dar continuidad a esta Aventura del Espíritu Salesiano en Cuba.

Vivamos este Año Jubilar con el mayor deseo de asegurarle a nuestro gran amigo y padre, Don Bosco, que puede seguir contando con nosotros, que deseamos seguir construyendo lo que a él le fue confiado de parte de Dios nuestro Señor. Aunque lo miedos, las dudas, las apatías, los recelos o prejuicios muchas veces nos acompañan para impedirnos dar el salto por el Reino y hacer las cosas bien, con alegría, optimismo y como Familia, confiemos primero en Dios porque es el Autor de todo, como dice san Pablo: “Yo sé en quien he puesto mi confianza”. Confiemos en la vida porque ella siempre estará a nuestro favor, ha sido hecha por el Creador. Aprovechemos de ella todo lo necesario para hacer que lo que se nos ha confiado fructifique. Confiemos en los demás y, sobre todo, confía en ti porque de lo contrario te será muy difícil lograr tus propósitos, lo deseos y sueños que tengas para los otros.

Juntos, como Familia y por intercesión de los santos salesianos, podremos seguir cantando las grandezas que Dios obra a favor de aquellos que ponemos en Él la Esperanza, ella nunca nos defraudará.

Felicitaciones a todos y que sean un año inolvidable, un evangelio más de la vida y de la historia salesiana en Cuba.

Dios les bendiga siempre.

Padre Wilgen Cancio Alvarez, SDB

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