Mensaje del delegado

Educar merece la pena

A lo largo de nuestra vida nos damos cuenta de la importancia que ha tenido en nosotros y otras personas el haber recibido una educación adecuada. Estamos en el mes de enero y nos sentimos agradecidos a tantas personas que nos hicieron el bien mediante su vocación educadora: padres, amigos, catequistas, maestros… D. Bosco nos decía que su sistema pedagógico había surgido no en la oficina sino en su vida diaria con aquellos muchachos que la Providencia le encomendó. ¿Qué tenía D. Bosco que sabía extraer de cada joven lo mejor?  Cuando estudiamos su vida nos damos cuenta que la libertad que concedía a sus muchachos no estaba exenta de las responsabilidades que debían asumir. D. Bosco también supo poner los límites necesarios que ayudaban a canalizar adecuadamente las decisiones tomadas. Pienso que nada educa más que el AMOR, entendido éste como una proexistencia (vida a favor de…), como una donación. Alguien ha hablado de la fuerza curativa del amor… El amor puede curar enfermedades físicas y del alma; una condición..,  que sea un verdadero amor, no de rebajas. Cuando alguien que nos ama de verdad,  nos exige responsabilidades, las aceptamos incluso cuando van contra nuestros propios gustos.  Sigamos educando y amando; es posible que los frutos no los veamos enseguida ya que es una inversión a largo plazo, pero eso no nos debe preocupar. Con D. Bosco digamos: “He consagrado mi vida a la juventud, porque de su educación depende la felicidad de una nación”.

Con el aprecio de siempre.

Miguel Ángel Fernández

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