Verano: un tiempo diferente

Aunque en Cuba, por razones geográficas, no solemos diferenciar la primavera, el verano, el otoño y el invierno, sí que el verano nos recuerda un tiempo diferente. Los estudiantes acaban un curso, los trabajadores, aunque no todos, pueden disfrutar de unos días de descanso y disfrutar más de la familia.

Siempre por estas fechas tenemos la necesidad de descansar del trabajo cotidiano y “recargar las pilas”. Cada vez más podemos percibir cómo decrece el número de horas laborales y aumenta el tiempo de asueto. Muchos empresarios ofrecen a sus trabajadores un ambiente más idóneo para su descanso y para que se sientan bien; es verdad que, muchas veces, con la intención de que produzcan más… En muchas naciones se ofrecen servicios de todo tipo para que la persona humana disfrute de su tiempo libre.
Pienso, que sería oportuno el ver cómo aprovecho este  tiempo “diferente”. El descanso veraniego no debiera ser un tiempo de mero ocio, de aburrimiento… Podemos vivir estos momentos de forma creativa en donde, además del descanso físico, crezcamos espiritualmente. A ello, nos puede ayudar:
-    El mirar las noches estrelladas.
-    Una conversación agradable con los amigos.
-    La participación en la Eucaristía dominical y en el sacramento del perdón.
-    La lectura de un libro adecuado.
-    Dedicar tiempo a los demás.
-    La visita a Jesús en el Sagrario.
-    Escuchar una buena música.
-    Un paseo a la montaña en donde se perciben tantos sonidos diferentes.
-    Ver una buena película con los amigos.

También la Pastoral Juvenil Salesiana, las mismas diócesis y otras entidades, nos ofrecen en este tiempo estival diversas  opciones que debiéramos tener en cuenta en nuestra agenda.
Como dice el poeta: “El camino se hace al andar”.
Seamos protagonistas de nuestro tiempo y no meros espectadores.

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