Crónica de Ada Silverio a los 40 años de la muerte del Padre Vandor

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La tarde lluviosa no impidió que nos reuniéramos para recordar al querido padre Vandor. Desde su tierra una comitiva nos visita y deja huella de su paso en una placa conmemorativa.En la celebración eucarística el celebrante se inspira en el pasaje evangélico del “Buen Samaritano” e hizo preciosas alusiones al buen húngaro que untó aceite y vino a los santaclareños y a tantos: aceite de consuelo y vino de esperanza. Al samaritano que para estar junto a nosotros -en todo- vivió heroicamente cada coyuntura.
Recordé inmediatamente que al padre Vandor al morir, hace 40 años justamente, le habían tenido que quebrar las coyunturas de sus rodillas dolidas por la artritis reumatoide deformante que sufrió en virtuoso silencio.

Que reto de amor nos deja el Venerable entonces: para los cubanos y sus familiares, no pensar tanto en las “coyunturas materiales” que nos aquejan por estos tiempos y nos paralizan más que la artritis.
Aprendamos a distinguir las “coyunturas espirituales” e intentemos cambiarlas por oportunidades de hacer buenas obras y ser más felices.

Por: Ada Silverio
Fotos: Roberto Carlos Alvarez

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