Entrevista a Carlos Luis Fernández, un joven cubano que ha optado por ser salesiano

Carlos Luis recibiendo el ministerio del Acolitado

Carlos Luis, un joven que conoció en su tierra natal de Esperanza, en Villa Clara, la misión de los salesianos, se sintió llamado por Dios a continuar la construcción del Reino. Ya hace varios años que comenzó su camino de formación como sacerdote salesiano. El pasado 10 de mayo de este año, en la Parroquia del Sagrado Corazón, en Roma, recibió el Ministerio del Acolitado en la celebración presidida por el padre Eugenio Rivas, Inspector de la Universidad Pontificia Salesiana. Desde Italia, comparte con nosotros las emociones de ese día.

¿Carlos, qué haces por Roma?

Estoy en Roma desde hace dos años donde me encuentro estudiando en vistas al sacerdocio. Vivo en el Teologado Internacional Ceferino Namuncurá con otros jóvenes salesianos en formación, haciendo la etapa formativa de la Teología. Somos alrededor de 42 estudiantes de 23 países diferentes.

¿Cuéntanos sobre lo que has celebrado en este momento?

Los cuatro años de teología pertenecen a la última parte del camino de formación inicial en los cuales vas madurando la propia identidad sacerdotal. Cuando terminas el primer año de Teología te confieren el Ministerio del Lectorado, que consiste en la proclamación oficial de la Palabra de Dios en las celebraciones litúrgicas. Al finalizar el segundo año, recibes el ministerio del Acolitado, con el cual la Iglesia te instituye como Ministro Extraordinario de la Eucaristía, ayudando al sacerdote en el servicio al altar.

¿Qué significa para ti este paso del Acolitado?

Para mí este momento me hace poder vivir intensamente una relación más profunda con Jesús presente en el sacramento del altar, además de acercarme aún más al sacerdocio. Cuando inicié en el 2006 la formación salesiana en Santiago de Cuba, veía demasiado lejos la Teología y los ministerios. Sin embargo, dar un nuevo paso en este camino te permite seguir actualizando la llamada inicial. Sin el primer paso de comenzar la formación nunca se hubieran dado los siguientes pasos que me han guiado hasta aquí. Hoy agradezco a Dios el don de la vocación salesiana y la oportunidad de servirlo cerca del altar aprendiendo a reconocerlo en el don eucarístico teniendo así la oportunidad de crecer y madurar en la fe.

¿Qué les dirías a los jóvenes de Cuba?

Que cada uno haciendo una revisión de su vida, de sus relaciones, de su propio camino de fe, se pregunte: ¿Qué Dios quiere para mí? Y es que muchas veces se piensa que para responderla se necesita tener la vocación religiosa. El ejercicio de preguntar a Dios qué quiere para mi vida es tener el coraje de ser un hombre o una mujer de fe. A veces ni se lo preguntamos no por el temor de la idea de ser cura o monja, sino porque no creemos realmente que Dios pueda hablarnos. Pues entonces, tengamos el valor de preguntarnos: ¿Qué yo quiero para mí? Y lo triste de nuestra vida sería tener la certeza de encontrar una respuesta justa, una respuesta que se convierta en una opción fundamental en el camino de mi vida, y quizás decida otra cosa. A veces se prefiere esquivar respuestas comprometedoras, respuestas que vienen de Dios, o incluso que vienen hasta de lo más profundo de nuestro ser. Pero, ¿acaso la vida no es el único camino para hacer realidad la vida misma? Entonces, que tú puedas ser capaz desde la fe que profesas de dar los pasos que te permiten llegar a ser mejor persona y mejor cristiano. El resto vendrá por añadidura, te lo aseguro. Esta ha sido también mi propia experiencia, y soy feliz.

Por P. Santiago Martínez, SDB

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