“Felices con Don Bosco”: Testimonios de CELIA PÉREZ y EULALIA BARGALLÓ

Voluntarias

CELIA PÉREZ, VALLADOLID, VOLUNTARIA ESPAÑOLA

Cuatro voluntarias españolas hemos tenido la suerte de participar en el Felices con Don Bosco (Paula, Miriam, Eulalia y yo), y aunque no pertenecemos a esta Inspectoría, desde el primer momento se nos recibió con los brazos abiertos y todos nos hicieron sentir como miembros de la Familia Salesiana de Las Antillas. Ha sido una gran oportunidad y una experiencia muy enriquecedora ver como jóvenes de tres países con realidades políticas, sociales y culturales muy distintas compartían temas, reflexiones, cantos y oraciones, demostrando que el espíritu salesiano está muy vivo en todos ellos. Fue muy bonito ser partícipe de como a lo largo de cuatro días se forjaron nuevas amistades y se reforzaba el valor e importancia de la familia, no sólo consanguínea, sino también de la que Don Bosco formó. Gran alegría ha producido también que Cuba haya sido la anfitriona de este encuentro, cosa impensable años atrás, y que le llena de orgullo para conmemorar el centenario de la llegada de los Salesianos a esta isla.

EULALIA BARGALLÓ, BARCELONA, VOLUNTARIA ESPAÑOLA

El trabajo de las voluntarias españolas no solo fue la animación de los grupos si no también el buen funcionamiento de la convivencia coordinándonos con animadores de toda Cuba, con los padres encargados del material o de la comida para que todo, durante esa semana fuera marchando lo mejor posible y así los participantes pudieran disfrutar de esa semana compartiendo con la gente de las otras comunidades antillanas. Me sentí muy honrada de poder formar parte de esa experiencia. Poder vivir cómo personas de distintos países nos une Don Bosco y su alegría, cómo con el esfuerzo de todos se pueden conseguir convivencias en 250 personas.

El voluntariado nos brindó la oportunidad de poner nuestro granito de arena, nuestras manos para poder ayudar durante esa semana en la experiencia de Felices con Don Bosco. Compartir los momentos de fe, de alegría, de playa, de reflexión, de baile, no solo con los jóvenes si no también con los salesianos y las salesianas me hizo recordar la suerte que tuvimos cuando Dios puso a Don Bosco en nuestro camino.

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