La Pascua Joven, una crónica viva

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Santa Clara. - Al invitarnos la Iglesia cada año a celebrar la Pascua, pareciera para los agnósticos que se trata de un mero acto simbólico e inerte, la práctica de una tradición cultural de tantas heredadas a fuerza de repetición por antepasados. Les es imposible comprender que al ser la fiesta más importante de los cristianos se hace memorial de vida misma del paso seguro y triunfal del Hijo de Dios vivo.

Convencidos entonces de esta verdad, el Centro Juvenil Salesiano Gema, quiso vivir estos días a plenitud junto a sus animadores. Comenzaron cada día del Triduo Pascual con una catequesis conducida por la hermana Ana Elena Lima Fundora, Sierva de San José que con gusto acompañó a estos muchachos. Además de ayudarlos a comprender la liturgia de estos días gloriosos, su misión se centró en que se conectaran con lo trascendente y se unieran al espíritu de la Iglesia universal. Así, con un ágape fraterno, el jueves santo iniciaron este camino de búsqueda y encuentro con el resucitado. Pero estos jóvenes sabían que la fiesta no concluía con el Domingo de Resurrección.

Era solo el inicio de una aventura inolvidable que los llevaría a compartir la alegría de la vida. Por ello, emprendieron un nuevo camino como aquellos hermanos de Emaús. Y un grupo partió hacia la bella playa de Guanabo, en La Habana, con los corazones hinchados de esperanza y emoción. Atrás dejaban a sus padres, las tareas cotidianas, los placeres que experimentan en los cortos años juveniles con la tecnología, las comodidades acostumbradas, lo dejaron todo para llenarse del Todo. Una semana se hizo corta entre los debates y encuentros que les permitían compartir la fe, sus dudas, los temores y sus alegrías; entre partidas de dominó, continental y billar, los cumpleaños que no esperaban celebrar los homenajeados, las visitas de amigos que mostraban su afecto y cariño desde antes de conocerlos y los inconfundibles atardeceres de primavera bañados por un mar bravo y sublime al mismo tiempo. Serviciales en cada momento, en las tareas de la casa, en la acogida a los desconocidos. Sin lugar a dudas, días marcados por la invitación a cumplir un programa de crecimiento espiritual y del compromiso de vivir al máximo en sintonía con Cristo con estilo salesiano. ¿Y cómo tener un viaje a Emaús sin partir el pan con el Maestro? ¡Imposible! Agradecidos al padre Miguel Ángel Fernández, SDB, por presidir la Eucaristía, los muchachos hicieron compromiso fraterno de volver cada año para vivir la alegría del encuentro con Jesús y dar testimonio de ello. Así lo hicieron.

En la siguiente celebración dominical de la parroquia Nuestra Señora del Carmen, frente a toda la comunidad parroquial y al salesiano Guillermo Morales, cinco de ellos dieron un Sí al llamado que la Iglesia y la Familia Salesiana les hacía. En esta ocasión se comprometían para participar en el Programa de Formación de Animadores Juveniles Salesiano (PROFAJ) que abría sus puertas para acoger a muchachos que quisieran dar lo mejor de ellos para aprender y colaborar como animadores juveniles.

Mientras se hace patente la sentencia socrática de lo perdida de la juventud, estos siguen creciendo juntos, fortaleciéndose la amistad, vislumbrando como centro de sus vidas al Maestro, aceptándolo, descubriéndolo en cada paso que dan como grupo. Para muchos, estos han sido los mejores días del año. ¡Y no nos sorprende! ¡Nos alegra en demasía!

Cuando se vive la Pascua en plenitud, la virtud se antepone a todo pecado y comienza a celebrarse la vida con el mismo sentido de los primeros cristianos, con el mismo Espíritu recibido que se renueva y rejuvenece cada año. Y aunque unos piensen que es solo un rito cultural, la Pascua invita a volver a la vida siempre.

Por Caruchy Castellanos

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