Testimonio - Un abrazo de Don Bosco

Padre Ángel Fernández junto algunos integrantes de AdCor

¿Cómo recuerdo la visita de Don Ángel Fernández a Cuba? Haberle conocido ha sido una experiencia maravillosa como miembro del coro juvenil Ad cor de Camagüey y desde el punto de vista personal.

Como coro hemos tenido varios retos en los ocho años que llevamos juntos, pero nunca pensamos en poder cantarle al décimo sucesor de San Juan Bosco. Animar las misas celebradas por él fue todo un desafío, pero la recompensa no se hizo esperar. Escucharle decir que le había gustado mucho y que siguiéramos cantando así, nos ha dado fuerzas para querer hacer más cosas como coro; además, de que se despidiera uno a uno con un abrazo y un beso, fue más que suficiente.

En el plano personal me quedo con momentos muy lindos de su visita: cuando se bajó del auto a su llegada a la finca de Peñalver para saludar uno por uno a los que lo recibimos con diferentes lemas y canciones; sus palabras a los jóvenes dándonos ánimos para luchar por sus sueños. Pero lo más grande fue que se me haya acercado a mí y a otros muchachos del coro antes de irse a descansar en la noche del sábado y nos haya dicho: “un abrazo que se lo merecen por como cantaron”, y a la mañana siguiente se preocupara también por preguntarnos cómo habíamos dormido. Es como me imagino que habrá sido el propio Don Bosco, un padre para sus muchachos.

Estoy segura de que su cercanía y delicadeza marcaron el corazón de más de uno de los que estuvimos en ese encuentro. A mí personalmente, me ha dado fuerzas para seguir trabajando con los jóvenes y para los jóvenes.

Por Lily Ramón

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