Mensaje dominical

18 DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
EVANGELIO: Lc 12, 13-21
En aquel tiempo, dijo uno del público a Jesús: “Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia”.
Él le contestó: “Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?”
Y dijo a la gente “Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes”. Y les propaso una parábola: “Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos: “¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha” Y se dijo: “Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha”. Y entonces me diré a mí mismo: “Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años: túmbate, come, bebe, y date buena vida”.
Pero Dios le dijo: “Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado ¿de quién será?” Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios”.

COMENTARIO: P. Manel Morancho, sdb

La predicación de Jesús está marcada por imágenes tomadas de la vida cotidiana de la Galilea del siglo I. El texto de hoy hace alusión a tres elementos de la vida cotidiana: Un pleito entre dos hermanos por cuestión de una herencia; un tema agrícola relacionado con una abundante cosecha; una alusión a la construcción de nuevos graneros… Con estos tres elementos cotidianos, Jesús va a ofrecer una enseñanza sobre la avaricia y el sentido de la posesión de la cosas.

Es importante que, como cristianos, proclamemos el mensaje de Jesús con palabras y elementos sencillos, comprensibles y tomados de la vida diaria. El cristiano evita los grandes discursos filosóficos y morales y acentúa las anécdotas, los hechos y ejemplos… El lenguaje narrativo.
Era frecuente, en tiempos de Jesús, que los maestros y doctores de la ley asumieran el papel de jueces cuando los tribunales locales no sabían resolver los problemas. En esta ocasión, dos hermanos instan a Jesús a que se convierta en juez. Según las tradiciones judías, el hijo mayor de una familia de dos hermanos, recibía los dos tercios de las posesiones paternas. El hombre que se acerca a Jesús pidiendo justicia, seguramente era el hermano menor, que no habría recibido nada de la herencia paterna.

Jesús aprovecha este caso para hablar sobre la avaricia y el afán de riquezas. Y lo ilustra con una breve parábola, la parábola del «rico insensato», cuya enseñanza ha calado muy hondo entre la gente sencilla.

Esta parábola debió causar mucho impacto entre los primeros cristianos, personas de baja condición social, que hallaban en esta narración un cierto consuelo. Ellos, que no eran ricos en bienes materiales, podrían «enriquecerse» con obras de misericordia y de solidaridad… tal como les había dicho Jesús.

«Insensato, esta noche te van a exigir la vida». Esta frase responde a una idea judía que decía que la vida es un préstamo que Dios hace a las personas. Transcurrido un tiempo, Dios reclama la vida prestada.

Para Jesús el dinero y las posesiones no son la verdadera vida de la persona. El texto de hoy nos advierte contra el enriquecimiento egoísta y obsesivo; lo que debemos hacer es enriquecernos ante Dios. El auténtico tesoro es practicar la misericordia y la solidaridad con los demás.
La crisis económica que estamos sufriendo es una “crisis de ambición”: los países ricos, los grandes bancos, los poderosos de la tierra… hemos querido vivir por encima de nuestras posibilidades, soñando con acumular bienestar sin límite alguno y olvidando cada vez más a los que se hunden en la pobreza y el hambre. Pero, de pronto nuestra seguridad se ha venido abajo.

Esta crisis no es una más. Es un “signo de los tiempos” que hemos de leer a la luz del evangelio. No es difícil escuchar la voz de Dios en el fondo de nuestras conciencias: “Basta ya de tanta insensatez y tanta insolidaridad cruel”. Nunca superaremos nuestras crisis económicas sin luchar por un cambio profundo de nuestro estilo de vida: hemos de vivir de manera más austera; hemos de compartir más nuestro bienestar.
Especular, ganar dinero fácil, poner el ahorro por delante de la caridad… No debe ser el estilo de vida del cristiano. El cristiano se siente, en estos tiempos, más que nunca, administrador y no amo. En el fondo, se siente amo de poca cosa. Y es desde esta pobreza que libera, desde donde se puede trabajar para hacerse “rico ante Dios”.

¿Cuál es mi actitud ante el dinero y las cosas materiales? Me liberan o me esclavizan?

Explican que en el siglo pasado un Turista americano fue a la ciudad de El Cairo, Egipto, con la finalidad de visitar un famoso Sabio. El Turista se sorprendió al ver que el Sabio vivía en una habitación muy simple y llena de libros. Las únicas piezas de mobiliario eran una cama, una mesa y un banco.

¿Dónde están los muebles?, preguntó el Turista. Y el Sabio, rápidamente, también preguntó: ¿Y dónde están los tuyos…?

¿Los míos? ¡Pero si yo estoy aquí de paso! Yo también…, concluyó el Sabio.

El Señor nos pide vivir con sencillez, como Él vivió.

Que la Eucaristía y la Palabra de Dios nos den fuerzas para cumplirlo.

Etiquetas:

Deja un comentario