Mensaje dominical

SANTA MARÍA MADRE DE DIOS.

EVANGELIO: Lc 2, 16-21

En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les decían los pastores.

Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.

Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho.

Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

COMENTARIO: P. Manel Morancho, sdb

Muchas felicidades en este nuevo año que acabamos de estrenar. Que sea bueno y lleno de buenas obras para todos nosotros. Demos gracias a Dios porque lo hemos podido empezar.

Hoy es un día de reflexión. Y un día de agradecimiento al Señor por todo lo que nos ha concedido durante este año que hemos acabado. ¿Cómo lo he vivido? ¿Qué me ha preocupado especialmente? ¿Lo he aprovechado? ¿Cómo ha sido mi relación con Dios y con los demás?

Es un momento especial de revisión. Sabemos que lo único que quedará de nosotros será el amor que hemos dado a Dios y a los demás.

En este inicio de año tenemos dos modelos a imitar: María y los pastores. Testimonios de fe, de sencillez y de alegría espiritual.

María la que observaba todo lo que ocurría.

Escuchaba, acogía, agradecía. Era toda ternura y dulzura. Vivía intensamente todo cuanto la rodeaba. Ella lo conservaba todo en su corazón. Daba gracias a Dios. Estaba llena de su presencia. Lo meditaba en silencio, en el silencio de la contemplación. Sentía una alegría profunda. ¡Se sentía amada por Dios!

Los pastores que se maravillaban por todo lo que explicaban. Acuden con alegría, hablan, están contentos. Son los pobres, los limpios de corazón. Son también modelos de fe. Una fe sencilla, creadora de alegría y de felicidad.

“Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído”.

Pablo VI nos dejó este día como la Jornada Mundial de la Paz.

Y con Zacarías recordamos aquel sol que viene de lo alto (del cielo) “para guiar nuestros pasos por el camino de la paz”.

Y con la primera lectura de hoy pedimos al buen Dios que ilumine su rostro sobre nosotros y sobre el mundo entero y nos dé la paz.

Y con el niño del pesebre que, cuando será mayor subirá a la montaña y gritará con todas sus fuerzas: “Dichosos los que trabajan por la paz”, los que siembran por todas partes semillas de paz. A todos los que hoy, en un mundo zarandeado por tantas tensiones y violencias, apuestan por la paz, la bienaventuranza les dice que “ellos se llamarán los Hijos de Dios”.

¡Qué alegría trabajar por la paz! ¡Qué compromiso trabajar por la paz!

Nuestro encuentro alrededor de la mesa de la Eucaristía, en este primer día del Año, ha de significar un compromiso claro de estrechar los vínculos de nuestras comunidades parroquiales, que han de ser modelo y motor de una convivencia pacífica en nuestros pueblos y ciudades, mientras caminamos por este mundo.

Que María y los pastores sean modelos de vida para cada uno de nosotros.

¡Feliz Año Nuevo!

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