Mensaje dominical

BAUTISMO DEL SEÑOR

EVANGELIO: Mt 3, 13-17

En aquel tiempo, fue Jesús de Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara.

Pero Juan intentaba disuadirlo, diciéndole: «Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?»

Jesús le contestó: «Déjalo ahora. Está bien que cumplamos así todo lo que Dios quiere».

Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrió el cielo y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz del cielo que decía: «Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto.»

COMENTARIO: P. Manel Morancho, sdb

Hoy celebramos la fiesta del Bautismo de Jesús y para empezar quería leerles el testimonio de unos padres que explican el porqué del bautismo de su hijo. Hay padres que, después del bautismo, escriben las razones que les han movido a hacerlo y lo guardan en un sobre cerrado, para darlo al hijo el día que les pregunte: ¿Por qué me bautizasteis?

Estos padres escribieron:

1. Te hemos bautizado porque, desde el principio de tu vida, tengas en lo más profundo de tu ser el Espíritu de Jesús, que es una Luz, una Fuerza y una Esperanza, infinitamente más grandes que las que tienen las personas.

2. Porque, a medida que te vas haciendo grande y vayas sintiendo diferentes voces, sepas distinguir una voz diferente de todas las otras que te dice, de manera cada vez más clara: No busques más, ven conmigo que yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.

3. Te hemos bautizado porque, siguiendo esta voz, puedas ser un día luz y esperanza en medio de este mundo, que no acaba de encontrar el camino de la auténtica felicidad, ni el de la solidaridad, que es el fundamento de la paz auténtica.

4. Lo hemos hecho, para que entres a formar parte de una comunidad de hombres y mujeres que se reconocen pecadores, pero que se esfuerzan con buena voluntad para ir dejando huellas de la bondad de Dios en la tierra.

5. Sí, hijo, te hemos bautizado porque, cuando se te hundan cosas y seguridades en las cuales habías confiado, puedas mantener la paz en tu corazón, bien consciente que llevas dentro la fuerza de Dios, una fuerza indestructible que no te fallará nunca.

6. Y para que encuentres sentido a tu vida, bien convencido que al final no está el vacío, la nada, sino el amor de un Padre que te acogerá con bondad y te hará feliz para siempre al lado de las personas que más quieres.

Seguro que nuestro hijo se llenará de alegría y de agradecimiento al leer esta carta, que podría llevar esta firma: “Tus padres que siempre te han querido y han deseado lo mejor para ti”.

El bautismo, en tiempo de Jesús, era un signo que simbolizaba la muerte y la nueva vida: Los que se acercaban a recibirlo expresaban, con el gesto de sumergirse bajo el agua del río Jordán, que allí quedaba sepultada toda su vida de injusticia y de pecado. Salir del agua significaba comprometerse con un comportamiento nuevo basado en la justicia y la solidaridad.

El bautismo era repetir simbólicamente el Éxodo. Es decir, salir de la tierra de la esclavitud para llegar a una nueva vida en libertad. Así como el antiguo pueblo de Israel fue esclavo en Egipto y, pasando a través de las aguas del Mar Rojo, halló la salvación y la libertad, así ocurría con los bautizados.

El bautismo de Jesús fue el momento en el que Jesús se comprometió públicamente a jugarse la vida, y a perderla si fuera necesario, por amor a la humanidad. A partir de este momento luchará para dar vista a los ciegos, curar a los enfermos, perdonar a los pecadores,…

El cristiano sabe que es heredero de la misión de Jesús, que pasó haciendo el bien a los oprimidos y mostrándonos el camino que conduce al Padre.

El Bautismo para Jesús, y para nosotros es el inicio de un camino, de una misión. Ser bautizados significa ser seguidores e imitadores de Cristo, que será continuamente nuestro guía para toda la vida.

El Bautismo fue un compromiso para Jesús y lo es también para nosotros.

Que la fuerza de la eucaristía nos ayude a vivir a fondo este compromiso.

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