Mensaje dominical

7mo DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

EVANGELIO: Mt 5, 38-48

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo, diente por diente. Pero yo os digo: no hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que te quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas.

Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia a justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles?

Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.

COMENTARIO: P. Manel Morancho, sdb

Siguiendo con el evangelio del domingo pasado, la lectura de hoy presenta las dos últimas antítesis sobre la nueva Ley, del Sermón de la Montana.

“Habéis oído que se dijo… Yo, en cambio, os digo”.

Las dos antítesis, hablan sobre el sentido del perdón y del amor.

La primera antítesis se refiere al perdón, y parte de la norma ética conocida como la Ley del Talión. Es la ley de la Venganza.

Jesús, con todo, lleva siempre su discurso hacia un modelo de amor total que ha de sostener la vida personal y social del cristiano y de la Iglesia.

Nos invita a la perfección del amor. Nos dice que no debemos vengarnos de ninguna manera. Cuando devuelvo mal por mal entro dentro de un círculo infernal de violencia y destrucción. En efecto, el mal que he recibido permanece realmente exterior a mí, pero cuando lo devuelvo, este mal, penetra en mi interior. Jesús quiere abrir una ruta alternativa para la humanidad: vencer al mal con el bien, responder al odio con amor.

Otro punto, en clave más positiva es la invitación a amar a los enemigos. Y la gran propuesta que hace tender a la perfección misma de Dios. El “seréis santos porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo”, que escuchábamos en la primera lectura, se llega al “sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto” del evangelio.

Si Jesús nos pide amar a nuestros enemigos es porque Dios ha sido el primero en amarnos así. El amor al enemigo solo puede venir de Dios.

Es entonces cuando surge automáticamente la pregunta: ¿Cómo amar a aquel que no me ama?

La respuesta puede venir ayudada por una pregunta previa: ¿Cómo te ha amado Dios a ti? Pues perdonándote sin condiciones.

El amor, según Jesús, no puede quedar reducido únicamente a un nivel de reciprocidad, “si amáis a los que os aman”… Pocos méritos se ganan.

Jesús nos pide: reza, por los que te hacen la vida imposible, por los que te hacen daño, por los que no amas o bien no te aman. Así es como empezarás a adentrarte en la lógica del amor de Dios.

La ley del Talión tiene por fundamento el rencor y el deseo de venganza. Pero Jesús afirma que las relaciones humanas no se han de plantear y vivir mediante leyes o comportamientos de venganza, sino sólo a partir de la bondad, que siempre busca el bien del otro y lo mejor para los demás.

Así lo vemos en esta historia que se titula: El rey y sus tres hijos.

Había una vez un rey que tenía tres hijos. Tenía también muchas riquezas, sobretodo poseía una piedra preciosa de gran valor, apreciada por todos.

Al repartir su herencia,… ¿Para quién sería aquella piedra preciosa?

Para ello el padre quiso poner a prueba a sus tres hijos. Aquel tesoro sería para aquel de los tres que realizara la hazaña más importante, el gesto más heroico, en el día que él indicara.

Aquel día llegó, y cada uno de los hermanos realizó su gesta. Al final del día, uno a uno, fueron explicando lo que habían hecho.

El mayor había matado el dragón que sembraba el pánico de todo el país.

El segundo hermano, con un pequeño puñal, había vencido a diez hombres bien armados. Los dos eran, ciertamente, hechos “heroicos”…

El tercer hermano dijo: Jo he salido esta mañana y me he encontrado con mi mayor enemigo que dormía a pocos centímetros de un precipicio… y he dejado que continuara durmiendo…

Entonces el rey se levantó, abrazó a su hijo y le dio la piedra preciosa.

Ayúdame, Señor, a darme cuenta que “ojo por ojo y diente por diente” no lleva más que a la destrucción de todo.

Dame fuerzas, Señor, para vencer esta inercia humana que nos empuja a seguir lo que humanamente parece más normal, como es la venganza.

Llena mi vida, Señor, de la generosidad necesaria para saber y poder amar hasta las últimas consecuencias.

Que la fuerza de la Palabra de Dios y de la eucaristía nos ayuden a vivir de esta manera, como Jesús vivió.

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