Mensaje dominical

DOMINGO DE RAMOS

EVANGELIO: Mt 21, 1-11

Cuando se acercaban a Jerusalén y llegaron a Betfagé, junto al monte de los Olivos, Jesús mandó dos discípulos, diciéndoles: “Id a la aldea de enfrente, encontraréis en seguida una borrica atada con su pollino, desatadlos y traédmelos. Si alguien os dice algo, contestadle que el Señor los necesita y los devolverá pronto”.

Esto ocurrió para que se cumpliese lo que dijo el profeta: «Decid a la hija de Sión: Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en un asno, en un pollino, hijo de animal de carga».

Fueron los discípulos e hicieron lo que les había mandado Jesús: trajeron la borrica y el pollino, echaron encima sus mantos, y Jesús se montó. La multitud extendió sus mantos por el camino; algunos cortaban ramas de árboles y alfombraban la calzada. Y la gente que iba delante y detrás gritaba: «¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en el cielo!»

Al entrar en Jerusalén, toda la ciudad preguntaba alborotada: «¿Quién es éste?»

La gente que venía con él decía: «Es Jesús, el Profeta de Nazaret de Galilea.»

COMENTARIO: P. Manel Morancho, sdb

Las lecturas de hoy, de la Palabra de Dios, a mí me hablan de fidelidad. Fidelidad de Jesús hasta la muerte.

Hoy en la reflexión que les brindo, les explico una historia real que nos habla de la fidelidad y se titula…

Canción de amor para Canelo

“En el cementerio de San Javier, de Murcia, hay un perro que lleva 10 años durmiendo y viviendo sobre la tumba de su amo. El animal -si es que así puede llamársele-, días después de la muerte de su amo, añorando su presencia, se encaminó él solo al cementerio, encontró su tumba y sobre ella se sentó a esperar a la muerte. Durante muchos días no se movió de sobre su lápida, sin alejarse siquiera para buscar comida. Sólo más tarde, el viejo sepulturero se apiadó de él y sustituyó -en parte- el cariño del muerto. Pero Canelo nunca renunció a su fidelidad. Y allí sigue, recordando a un muerto cuyos parientes ya le han olvidado. El amor del perrillo es la única flor que adorna esa tumba. Hasta el verdín ha borrado ya casi el nombre del muerto. En la memoria de Canelo no se ha borrado nada.

El comentario del autor es el siguiente: Esta historia - historia y no fábula- impresiona en un mundo en el que la fidelidad ya ‘no se lleva’. Ahora -dicen- ya no hay amores permanentes. Se teme a los compromisos definitivos. Los que se casan -algunos o muchos, no sé- lo hacen con condiciones: ‘Si las cosas van bien…’

La vida de las personas es difícil, lo sé. Son muchos los humanos que fracasan en sus caminos, en sus amores, en sus esperanzas.

El que empieza su vida entronizando la infidelidad como principio, no fracasa jamás, porque no tiene ni alma con la que fracasar. Los que aman con un ‘ya

veremos’ se morirán sin saber lo que es el amor. Porque un amor puede ser débil, o cobarde, o mediocre, pero lo que no puede ser es provisional. Un ‘amor provisional’ es algo tan contradictorio como un círculo cuadrado. Porque si es amor, no es provisional. Y si es provisional, no es amor.

Por eso me emociona ese cariño de Canelo, un amor verdaderamente más fuerte que la muerte. Los periódicos han dicho que es un ‘perrito sin raza, sin clase’. Pero yo creo que tiene más raza y más clase que muchos de los humanos.

Acaba diciendo el autor: “Si las personas amasen a Dios como los perros adoran a sus amos, Dios sería un amo bien servido”.

Y acabo con una oración a Jesús que dice:

Jesús, el domingo de Ramos marca el inicio de la etapa final de tu misión.

Sabes muy bien a dónde vas y qué te espera.

Conscientemente y con valentía, afrontas el camino de la fidelidad hasta la muerte.

Durante esta semana -la Semana Santa- continúas acogiendo a cada uno tal como es:

- el pueblo que te aclama con ramos y cantos,

- los amigos de Betania y el perfume de María,

- el odio de los dirigentes y la traición de Judas,

- el menosprecio de los que piden tu muerte,

- el miedo de Pilatos y las burlas de los soldados,

- la compasión de la Verónica y del resto de mujeres,

- el gesto obligado, pero solidario, del Cirineo,

- los golpes de martillo de los que te crucifican,

- la presencia de María y de algunos discípulos,

- la súplica del que está crucificado a tu lado,

- la soledad dolorosa, pero confiada, en la cruz…

En todo momento eres fiel a Dios Padre y a los hombres y mujeres. Con amor, das la última gota de tu sangre.

¡Te admiro y te amo! ¡Te quiero seguir y ser fiel como Tú, Jesús! ¡Gracias por salvarnos!

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