Mensaje dominical

4to DOMINGO DE PASCUA

EVANGELIO: Jn 10, 1-10

En aquel tiempo, dijo Jesús: «Os aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el guarda, y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera.

Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».

Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús: «Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago, yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante».

COMENTARIO: P. Manel Morancho, sdb

En el evangelio de hoy Jesús se presenta como el Pastor que cuida a las ovejas, no sólo las de su aprisco sino también las de otros rediles.

Jesús toma esta idea del capítulo 34 del libro de Ezequiel. Este profeta, presenta a Yahvé como el Buen Pastor que llegará para defender al pueblo.

Ezequiel enumera cerca de veinte acciones positivas que va a realizar este Buen Pastor en favor de los más sencillos de su pueblo: Traer, congregar al rebaño disperso, unir, vendar a las ovejas heridas, liberar de nubarrones y oscuridad, buscar las descarriadas, apacentar al rebaño en ricas praderas, cuidar a los corderos, ahuyentar al lobo, liberar del hambre,…

La figura de pastor que Jesús asume es la del pastor que busca a la oveja descarriada, y cuando la encuentra se alegra, la recoge y la trae de vuelta a casa. Por eso su gozo y su alegría está en que los hombres y mujeres de buena voluntad acojan y asuman su proyecto de vida.

Jesús marca diferencias con los pastores mercenarios que huyen cuando intuyen los problemas, abandonando el rebaño y dejando a las ovejas a merced del peligro. (El lobo era el animal depredador que castigaba con mayor frecuencia a los rebaños que pastaban en las inmediaciones del desierto de Judea).

Jesús es el Pastor Universal, que llama incluso a los que no pertenecen al judaísmo para que vengan a formar parte del rebaño universal.

El evangelio de Juan no propone el tema para subrayar la bondad del Pastor Jesús, sino para afirmar su fidelidad y coherencia frente a otros “pastores”. Jesús nos pide que seamos auténticos en nuestra misión y compromiso.

Estamos en un mundo donde hay una gran cantidad de información y de posibilidades, pero al mismo tiempo una gran desorientación y falta de ideales. Una sociedad que va un tanto a la deriva, llena de mediocridad, de vulgaridad, sin líderes a los que seguir. Porque lo verdaderamente importante en la vida es

encontrar razones para vivir y vivir con plenitud en todas las facetas que la vida lleva consigo. Y naturalmente estas razones no las dan ni la música, ni la bebida, ni el deporte, ni el placer inmediato, ni el triunfo apoteósico, ni -todavía menos- la droga o la evasión o el pasotismo. Es evidente que los ídolos y los líderes de hoy son absolutamente transitorios y dejan a sus seguidores en un angustiante vacío.

Los cristianos hemos encontrado en Jesús este “Líder”, que conoce perfectamente a sus “seguidores” y que ellos lo oyen y lo siguen porque distinguen su voz. Y hacen bien en seguirlo, porque esta voz es la voz de Dios que hay que escuchar, porque trae promesas de vida para siempre. Pero no hay que olvidar que esta voz es exigente y que a quien quiera seguirle, pedirá que lo haga libremente, pero con decisión, por un camino en el que existe la alegría pero también se pide un gran esfuerzo.

Esta semana les invito a pensar y preguntarnos: ¿Cuáles son los ídolos y los líderes que se interponen en mi camino de seguimiento de Jesús?

En uno de los muros de la catedral alemana de la Virgen de Lübeck están escritas unas lamentaciones que Jesús hace a sus seguidores. Son las siguientes: Me llamáis luz y no me creéis. Me llamáis camino y no me recorréis. Me llamáis vida y no me queréis. Me llamáis Señor y no me servís. Decís que soy justo y no me teméis. Decís que soy misericordioso y no confiáis en mí.

Un intelectual escribió en el periódico “Avvenire”, órgano de la Conferencia Episcopal Italiana, que la Iglesia Católica tiene la clave del futuro, a condición que vuelva a su propia fuente, que es Jesucristo.

En este seguimiento o no de Jesús nos lo jugamos todo. Seamos coherentes y decididos en nuestro compromiso cristiano.

Que el Señor nos dé la fuerza que necesitamos.

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