Mensaje dominical

30 DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

EVANGELIO: Mt 22, 34-40

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús ha hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?”

Él le dijo: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser.”

Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.”

COMENTARIO: P. Manel Morancho, sdb

Los judíos habían desarrollado un código de más de seiscientas leyes religiosas, y entre los entendidos se discutía cuál de ellas era la más importante. Los fariseos quisieron involucrar a Jesús en la discusión.

Los letrados eran los especialistas en las Sagradas Escrituras. En teoría, su misión era interpretar los textos escritos que habían sido recibidos en el pueblo de Israel como palabra de Dios. Debían explicarlos con claridad y sencillez para que los judíos conocieran el proyecto de Dios.

Pero los letrados fariseos se habían olvidado de que los mandamientos servían para ese fin.

Habían conseguido hacer una lista de 613 mandamientos: 365 (días del año) indicaban prohibiciones y 248 (partes del cuerpo humano) se referían a obligaciones.

A Jesús no le interesaba demasiado entrar en discusiones teóricas, y mucho menos perderse en los detalles de las doctrinas fariseas.

La primera parte de su respuesta se identifica con una de las corrientes minoritarias de entonces, la de los que decían que el mandamiento principal es el amor a Dios. Pero la completa poniendo a su mismo nivel otro mandamiento, el del amor al prójimo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente. Este es el mandamiento principal y el primero, pero hay un segundo no menos importante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

Amor a Dios y amor al prójimo. Si se prescinde de cualquiera de ellos, los otros 613 mandamientos pierden todo su sentido.

El cristiano no debe olvidar que como cristiano tiene un proyecto: amar a Dios sobre todas las cosas y a los demás como a uno mismo.

¿Cómo hay que hacerlo? Lo explica esta historia.

En cierta ocasión, San Francisco de Asís invitó a un fraile joven a que lo acompañara a la ciudad, con la intención de predicar. Se pusieron en camino y recorrieron las principales calles de la ciudad. Algunas personas se giraban hacia ellos para saludarlos amistosamente. Ellos les devolvían el saludo con una inclinación, una sonrisa o unas palabras amables. De vez en cuando se paraban para acariciar un niño o para hablar con alguien. Durante todo el paseo, San Francisco y el fraile mantenían entre ellos una animada conversación. Después de

haber andado por las calles un buen rato, el fraile joven se sintió inquieto y preguntó a San Francisco dónde y cuándo empezarían su predicación.

Hemos estado predicando desde el momento que hemos salido por las puertas del convento -le respondió el santo-.

¿O es que no has visto como la gente se fijaba en nuestra alegría y se sentía consolada con nuestros saludos y sonrisas? ¿No has advertido cómo conversábamos alegres entre nosotros durante todo el camino? Si esto no son pequeños sermones, ¿qué son, entonces?

San Pablo en la primera carta a los Corintios en el capítulo 13 nos dice:

“Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles; si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o unos platillos que aturden.

Ya podría tener el don de predicación y conocer todos los secretos y todo el saber; podría tener una fe como para mover montañas; si no tengo amor no soy nada.

Podría repartir en limosnas todo lo que tengo y aún dejarme quemar vivo; si no tengo amor, de nada me sirve.

El amor es comprensivo, el amor es servicial y no tiene envidia; el amor no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita, no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad.

Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites.

El amor no pasa nunca”.

La inteligencia sin amor, te hace perverso. El éxito sin amor, te hace arrogante. La docilidad sin amor, te hace servil. La pobreza sin amor, te hace orgulloso. La verdad sin amor, te hace hipócrita. La autoridad sin amor, te hace un tirano. El trabajo sin amor, te hace esclavo. La fe sin amor, te hace fanático. La vida sin amor, no tiene sentido.

Que así lo vivamos. Se lo pedimos con fe al Señor.

Etiquetas:

Deja un comentario