Mensaje dominical

4to DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

EVANGELIO:Mc 1, 21-28

En aquel tiempo, llegó Jesús a Cafarnaún. El sábado fue a la sinagoga a enseñar. Todos se quedaron asombrados de su enseñanza, porque no enseñaba como los letrados, sino con autoridad.

Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar. Jesús lo increpó: Cállate y sal de él.

El espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió. Todos se preguntaron estupefactos: ¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen.

Su fama se extendió en seguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.

COMENTARIO: P. Manel Morancho, sdb

Acabamos de escuchar el evangelio. Jesús siempre sorprendía. Su lenguaje y sus gestos eran únicos. No estaban acostumbrados los feligreses de la sinagoga de Cafarnaún a recibir una enseñanza como la de hoy. Este maestro es excepcional. No repite fórmulas o conceptos de otros libros. No cansa. No es pesado. No es como los maestros de la Ley. Lo hace con autoridad. Y con ilusión. Y con ganas de comunicar una doctrina viva. Una doctrina nueva. Su magisterio llega a las personas, llega a su corazón. Lo entienden y lo admiran. Por eso se extrañaban de su manera de enseñar.

Jesús es el maestro, el único MAESTRO. Y también hoy nosotros queremos escucharlo. Pero para poder hacerlo hay que tener ganas de aprender. Este deseo de escucharlo debe estar bien vivo en nuestro corazón. Esta es una condición necesaria. Él siempre nos habla, si estamos dispuestos a escucharlo. Pero es necesario que apaguemos los ruidos que nos vienen de todas partes y nos recojamos en el silencio para acoger su voz.

De golpe, en medio del silencio, al escuchar la enseñanza del Maestro, una persona histérica se pone a gritar. Además dice unas cosas muy extrañas entre sus gritos. La gente está encogida y asustada. Todos se fijan en Jesús. ¿Qué hará? Aquel hombre se dirige a Jesús increpándolo. El evangelio que hemos escuchado nos dice que estaba poseído por un espíritu inmundo. Y Jesús actúa. No sólo enseña con autoridad sino que actúa con firmeza y decisión:”Cállate y sal de él”. Y aquel hombre, se libra del espíritu inmundo.

Jesús enseña y actúa. Enseña una doctrina nueva y excelente. Y libra del mal el corazón de las personas.

A veces también nosotros podemos estar poseídos por cosas, pensamientos, ideas,… que nos llevan por malos caminos o no nos dejan ser libres de verdad.

Escuchemos esta historia que se titula: Ciego de verdad.

Había una vez un hombre cuyo único pensamiento era tener oro, hacerse con todo el oro posible del mundo. Era un pensamiento obsesivo que le roía el cerebro y el corazón.

No era capaz de pensar en otra cosa, ni de concebir ningún otro pensamiento, desear o querer ninguna otra cosa que no fuera el oro.

Cuando paseaba por las calles de la ciudad contemplando escaparates, sólo veía las joyerías. No se daba cuenta ni de la gente que pasaba, ni tenía ojos

para contemplar las obras de arte, el cielo azul o la maravilla de los jardines en primavera. Sólo veía oro, oro, oro…

Un día no pudo resistir más; entró corriendo en una joyería y empezó a llenarse los bolsillos de collares, perlas, pulseras,… y otros objetos de oro.

Naturalmente, cuando se disponía a salir de la joyería fue detenido en el acto por los vigilantes del local.

Posteriormente los policías le preguntaron: pero ¿cómo podrías pensar que te ibas a salir con la tuya y escapar así por las buenas con todo el botín? La tienda estaba llena de gente y los vigilantes te estaban observando.

¿Posible?, dijo el hombre sorprendido. No tenía ni la más mínima idea de que había gente en la tienda. Yo sólo veía el oro.

San Marcos nos presenta la primera actividad de Jesús. Él enseñaba con autoridad, de una forma diferente a como lo hacían los maestros oficiales de la ley… Jesús les habla desde la vida, y no desde las respuestas teóricas. El contenido de sus palabras tienen autoridad porque salvan y liberan a las personas. El evangelista remarca este aspecto con la escena de la curación del endemoniado: lo libra de la enfermedad y de la ley (es sábado…). De las palabras con las que enseñaba no recoge nada, pero sí de la acción.

Y nosotros,… ¿nos quedamos con la parte doctrinal, o predicamos con los hechos y con la vida?

La comunión con Jesús en esta celebración debe fortalecernos interiormente, debe reafirmar nuestra fe, debe ser causa de nuestra alegría, debe ayudarnos a dar un buen testimonio de nuestra vida cristiana.

Que así lo vivamos. Se lo pedimos con fe al Señor .

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