Mensaje dominical

2do DOMINGO DE CUARESMA

EVANGELIO: Mc 9, 2-10

En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». Estaban asustados, y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: «Éste es mi Hijo amado; escuchadlo». De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos». Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos».

COMENTARIO: P. Manel Morancho, sdb

Nunca sabremos qué ocurrió exactamente en el monte de la Transfiguración. Los estudiosos de la Biblia ven cómo en un mismo texto se mezclan elementos simbólicos con elementos históricos. Aunque es difícil llegar a comprender qué es lo que históricamente ocurrió. Sin duda que nos hallamos ante una experiencia de intensa oración y profundidad religiosa que impresionó vivamente a los primeros discípulos.

La tradición sitúa esta manifestación de Jesús sobre el monte Tabor.

Atendiendo al análisis literario y estructural, una cosa parece cierta: El evangelista, cuando elabora el relato, tiene en su mente el pasaje del libro del Éxodo (Ex 24) en el que Moisés sube a la montaña santa para recoger las tablas de la Ley.

Aquí encontramos una primera intención del evangelista: Comparar a Jesús con Moisés. Moisés subió al monte Sinaí a recoger las leyes del pueblo elegido por Dios. Jesús sube a la montaña porque él es el creador del Nuevo Pueblo de Dios, que serán las comunidades cristianas.

La transfiguración de Jesús nos pone frente a lo que Jesús desea de sus seguidores. Jesús quiere que sus seguidores estén convencidos de que el final de su vida no es la muerte, sino la transfiguración de sus personas, la Resurrección.

Este relato subraya una importante característica del cristianismo: El discípulo de Cristo no debe quedarse en una visión negativa de la persona y la historia. El mensaje es positivo y optimista: Más allá de las dificultades, del dolor, de las vicisitudes de la humanidad… el creyente tiene motivos para confiar que se abrirá paso el bien y la bondad.

El cristiano se sitúa en esta línea de reflexión y acción. Con frecuencia los cambios históricos le sumergen en dudas. Le ronda la tentación de pensar que esta civilización está abocada al mal. El evangelio de hoy proclama que la muerte y el dolor no es el final. La historia tiene un sentido positivo.

Subir a la montaña, bajar al fondo de nuestro ser… y encontrarte. Un encuentro que no me deja indiferente, que “me anima a otros encuentros”…

¿Será que te quiero? Si es así, esta relación parece que tiene futuro, porque Tú me haces muy feliz…

Estos son los sentimientos de esta canción de Amaia Montero que se titula: “Quiero ser”. Dice:

Quiero ser, una palabra serena y clara. Quiero ser, un alma libre, de madrugada. Quiero ser una emigrante, de tu boca delirante, de deseos que una noche convertiste en mi dolor.

Quiero creer, quiero saber, que dormiré a la verita tuya. Quiero esconderme del miedo y mirar de una vez los ojos que tiene la luna. Quiero cantar a la libertad. Y caminar cerca del mar, amarradita siempre a tu cintura, que esta locura de amarte no puede acabar por mucho que te entren las dudas de si eres tú el que me hace tan feliz.

Quiero ser, la que te juré amor eterno. Quiero ser, una parada en la estación que lleva tu nombre. Quiero ser el verbo puedo, quiero andarme sin rodeos, confesarte que una tarde empecé a morir por ti.

Esta sería la experiencia que tuvieron aquellos discípulos de Jesús, después de este día de excursión en la que transformó sus vidas al lado de Jesús.

Que así lo vivamos también nosotros cada día, en nuestra oración comunitaria y personal. Sólo así la Pascua tendrá sentido.

Se lo pedimos con fe al Señor.

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