Mensaje dominical

ASCENSIÓN DEL SEÑOR

EVANGELIO: Mc 16, 15-20

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los once y les dijo: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, tomarán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos”.

Después de hablarles, el Señor Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos se fueron a pregonar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.

COMENTARIO: P. Manel Morancho, sdb

Parece ser que este texto (final del evangelio de Marcos) pudiera ser un añadido que pretende resumir y dar sentido al evangelio de Marcos.

Aunque se trata de un texto tardío, contiene enseñanzas que circularon entre las primeras comunidades cristianas, y que resultan muy interesantes y actuales para nosotros: Jesús se despide de los discípulos con un doble encargo: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación” y «Bautizar». De ahora en adelante no deberán limitarse al pueblo judío, pues el mensaje es universal.

Ya no hay un pueblo elegido, sino que es toda la humanidad la elegida y destinada a experimentar la salvación de Dios. Ningún rincón de la tierra, ningún país, ningún grupo de personas estará excluido, pues Jesús ha venido para que no haya excluidos del pueblo ni pueblos excluidos.

Es un mensaje que rompe con las visiones cerradas e integristas. Aquellos primeros cristianos ya habían comprendido que todas las culturas poseen “semillas” o elementos del evangelio, ya que todas están llenas de valores positivos.

Anunciar el evangelio frente a una cultura no es avasallarla, destruirla, desvirtuarla, sino descubrir los valores que el mismo Dios ha puesto en ella. En este sentido, «evangelizar es entrar en diálogo» con las otras culturas.

Cuando estamos convencidos de que Dios se revela a todas las culturas, en todos los tiempos, entendemos la evangelización como un mutuo enriquecimiento: el evangelio comunica a la cultura novedad y claridad en sus contenidos, mientras la cultura le ofrece la fuerza de su propia tradición, la riqueza de sus propias búsquedas y la novedad de sus propias expresiones simbólicas.

El cristiano, el creyente se siente llamado a proclamar la vida y la salvación de Dios en medio de la cultura en la que vive.

El cristiano evangeliza y da testimonio con su vida.

Pere Casaldáliga, obispo de Brasil y muy comprometido con su pueblo nos propone 12 actitudes de vida evangelizadora.

1. Saber acoger el Evangelio y dejarse convertir por él.

2. No hacer nunca sombra al Evangelio, ni con nuestra cultura, ni con nuestros protagonismos ni con nuestros miedos.

3. Predicar el Evangelio con la vida. Sólo así seremos testimonios, compañeros de Jesús, y de tantos hermanos y hermanas que ya son testimonios.

4. Practicar, celebrar y anunciar el Evangelio en comunidad.

5. Como quería Jesús, transmitir la Buena Noticia hecha sal, fermento, luz, semilla, en cada sociedad, en cada persona, en cada lucha, en cada esperanza.

6. Recordar siempre que Dios es un Evangelio más grande que el Evangelio escrito, y dar, presentar el Evangelio con mucha delicadeza, como quien da un beso a Dios.

7. No olvidar nunca que el Evangelio va acompañado de la Cruz.

8. Hacer como Jesús, que el Evangelio sea de los pobres para que pueda llegar a todo el mundo.

9. Rezar con el Evangelio. Profundizar el Evangelio en el silencio de la gratuidad. Vivir el Evangelio con los hechos.

10. Convocar a todo el mundo alrededor del Evangelio y así atraer hacia Jesús a muchos discípulos.

11. Anunciar el Evangelio como única verdad capaz de hacernos a todos hermanos y hermanas en un único mundo.

12. Saber esperar, con insistencia Pascual, la Buena Noticia definitiva de Aquel que viene.

Id por todo el mundo…

Estas palabras están dichas pensando en mí, en mí, que continúo tu obra y que siento tu compañía en la misión…

Pero conviérteme, Señor, primero a mí, para que yo pueda anunciar a los demás la Buena Noticia.

Dame audacia. En este mundo escéptico, a veces me da vergüenza y otras tengo miedo.

Dame esperanza. En esta sociedad recelosa, yo no siempre tengo confianza en las personas.

Dame amor. En esta tierra insolidaria y fría, a veces me falta mucho amor.

Dame constancia. En este ambiente cómodo y superficial, yo también me puedo cansar fácilmente.

Conviérteme primero a mí, Señor, para que yo pueda anunciar a los demás la Buena Noticia.

Que así lo vivamos cada día. Se lo pedimos con fe al Señor.

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