Mensaje dominical

SANTÍSIMA TRINIDAD

EVANGELIO: Mt 28, 16-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban.

Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.

Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin de los tiempos.»

COMENTARIO: P. Manel Morancho, sdb

El texto sitúa la escena en una montaña de la Galilea.

Ante una nueva experiencia de Jesús resucitado, los discípulos se sitúan entre la adoración y la duda. La comunidad lleva en su seno estos dos sentimientos contradictorios. Mateo es el único evangelista que combina en un mismo relato estos dos verbos: adorar y dudar.

Las palabras de Jesús se dirigen a fortalecer la fe comunitaria con un encargo que subraya una idea: La universalidad de la fe cristiana.

Jesús los envía a «todos los pueblos» y Él estará presente «hasta el fin de los tiempos».

La misión de los cristianos, desde sus inicios, consiste en ser levadura en la masa del mundo, y en no cerrarse entre los muros del sagrado templo de Jerusalén.

La fiesta de la Santísima Trinidad no consiste en destinar un domingo al año para pensar que Dios es como un complicado jeroglífico: Tres personas distintas y un solo Dios verdadero.

Celebrar la solemnidad de la Santísima Trinidad es celebrar que Dios es comunidad, pero sobre todo “celebrarlo en Iglesia-comunidad”, con el compromiso de “hacer comunidad en el mundo”, y “hacer del mundo una familia”.

Celebrar la fiesta de la Santísima Trinidad es afirmar que la soledad, el aislamiento, el desamor, la desunión o el odio, están fuera del proyecto de Dios.

Nos comprometemos a proyectar «la vida de Dios hacia fuera». ¿Cómo? Fortaleciendo aquellos comportamientos que contribuyen a generar unidad y armonía en nuestro entorno; contribuyendo a crear espacios de unidad y común-unión con quienes nos rodean; sintiéndonos comprometidos con la construcción de un mundo en el que no haya fronteras ni discriminaciones.

En esta línea va esta fábula que se titula: ¿Tigre o zorra?

Un día, un hombre, dando un paseo por el monte, vio sorprendido que una pequeña zorra le llevaba comida a un enorme tigre malherido, que no podía moverse. Le impresionó tanto este hecho, que regresó al día siguiente para ver si el comportamiento de la zorra era casual o habitual. Con enorme sorpresa pudo comprobar que la escena se repetía: la zorra dejaba un buen trozo de carne cerca del tigre. Pasaron los días y la escena se repitió de un modo idéntico, hasta que el tigre recuperó las fuerzas y pudo buscar la comida por su propia cuenta.

Admirado por la solidaridad y cooperación entre los animales, se dijo: “no todo está perdido. Si los animales, que son inferiores a nosotros, son capaces de ayudarse de este modo, mucho más lo haremos las personas”. Y decidió hacer la experiencia: Se tiró al suelo, simulando que estaba herido, y se puso a esperar que pasara alguien y le ayudara. Pasaron las horas, llegó la noche y nadie se acercó en su ayuda. Lo intentó de nuevo al día siguiente, y decepcionado, llegó a la convicción de que la humanidad estaba perdida. Sintió dentro de sí todo el desespero del hambriento, la soledad del enfermo, la tristeza del abandono. Su corazón estaba tan devastado que casi no sentía deseo de levantarse. Entonces, en ese instante, oyó una voz muy dentro de él que le dijo: Si quieres encontrar a tus semejantes, si quieres sentir que todo ha valido la pena, si quieres seguir creyendo en la humanidad, para encontrar a tus semejantes como hermanos, deja de hacer de tigre y simplemente actúa como la zorra.

Si todo el mundo, sólo piensa en si mismo, las cosas no pueden ir bien. Si todos pensamos que las cosas las harán los otros, o -incluso- que las hará Dios, estamos bien equivocados. Que cada uno mire qué puede hacer por los demás. No ayudaremos a mejorar nada si no nos implicamos de forma activa.

Hoy miramos a nuestro Dios, a estas tres personas divinas que han hecho obras tan maravillosas en nosotros. Contemplamos a este Dios en sus tres personas, lo adoramos y le damos gracias.

Dios es una comunidad de amor.

Él nos invita a vivirlo también todos nosotros en comunidad de amor.

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