#salesnauta

Florecilla, 8 de mayo

Cuando era niño escuché la historia de tres buenos hermanos que despidiéndose de sus pobres y ancianos padres abandonaron su tierra para buscar mejores fortunas. El mayor, muy robusto y buenachón, marcaba siempre el camino a seguir; el más pequeño simpático y agraciado casi en exceso, hacía amistades en todos los parajes con tal de conseguir la comida y el techo lo más barato posible; y el del medio… ¡bueno era el del medio!

Habiendo caminado tres desiertos, cuatro coordilleras y dos bosques apenas habían ganado para cambiar de zapatos. Estando de reposo en una sabana escucharon a lo lejos proclamar que en el poblado cercano la princesa ansiaba desposarse por lo que haría un banquete esa noche para todos los jóvenes solteros.
Los tres hermanos no dudaron en asistir bañándose inmediatamente en un poza cercana, aunque con tal embullo ni se acordaron de cazar alguna codorniz para la cena. Partieron al palacio con premura y lograron entrar entre los 100 solteros. Entre aquellos habían niños con falsos bigotes, viejos vestidos ridículamente para aparentar 30 años menos, enanos en zancos, incluso se rumoreaba de algunas poblanas que desdeñaron sus atributos naturales con tal de ganar prebendas… pero bueno eso no nos incumbe. Lo cierto es que con tales desastres no les fue difícil a los tres  hermanos quedar entre los 20 finalistas. La hermosa princesa apenas se distinguía entre tanta opulencia. Pavos, cerdos y corderos desfilaron entre frutas jugosas y exquisitos vinos. El mayor de los hermanos no pudo evitar comer sin parar hasta dolerle la barriga. El pequeño apenas comió; enlazó una historia con otra con tal vis cómica que él mismo terminó con un hipo irresistible contagiando a sus compañeros. Sin embargo el del medio comió mesuradamente; apenas unos panecillos reales bastaron para reconocer el buen gusto del cocinero del palacio.
Avanzada la noche la princesa propuso un baile de despedida. Al turno del hermano mayor este quedó paralizado de un retorcijón de tripas tan fuertes que fue directo al enfermero real. El pequeño aún reía de sus propios cuentos tan agitadamente que al bailar con la princesa estaba descoordinado, además de que aún hipaba y cada vez mas fuerte y seguido hasta que fue a parar en manos del enfermero real. Ya para entonces era la coda final del vals y el hermano mediano acompasó no solo el baile de la princesa sino su corazón. Bajo una noche estrellada se dieron su primer beso de amor; y cuentan quienes lo vieron que todos los lirios de los jardines reales se abrieron y exhalaron una fuerte fragancia.
El amor de la pareja fue tan intenso como breve por la muerte de la entonces reina, pero en su lugar en la mesa, en la cama y en el sofá jamás faltó un lirio abierto y perfumado símbolo de la virtud que llevó aquel amor a tal grado de perfección: la templanza.

(Cuento inspirado en el significado de la Templanza según el Catecismo de la Iglesia Católica: virtud moral que modera la atracción de los placeres y procura el equilibrio en el uso de los bienes creados. Asegura el dominio de la voluntad sobre los instintos y mantiene los deseos en los límites de la honestidad.)

Y ciertamente hubo alguien que vivió moderadamente un gran amor por su casto esposo y por su entrañable hijo: María, el lirio entre espina, como dice este bello canto.

“María, lirio entre espinas, beso de alba, rayo del sol, María, canto del cielo, flor de la tierra, sueño de Dios.
María, tierra sembrada con la semilla de la redención, María, claro lucero que anuncia un día de salvación.
Virgen dichosa, puro frescor, fuente serna, reina de paz, brisa temprana, puerta del cielo, que en sus entrañas llevó el amor.
Tú que engendraste al que te hizo que tu sangre quiso nacer, ruega por todos los que entre sombras, vamos buscando amanecer.”

Que a pesar de los acalorados sucesos cotidianos y/o la frialdad de nuestro entorno sepamos responder con templanza.

¡Feliz 8 de mayo!

Etiquetas: , ,

Deja un comentario