Fundador

‚ÄúDon Bosco consolida su obra‚ÄĚ


Una jornada en el Oratorio
El Arzobispo estuvo feliz de renovar todos los permisos al Oratorio: en la capilla Pinardi se podía administrar los sacramentos y celebrar la Eucaristía. Viendo esta benevolencia y la sede estable, los colaboradores que habían abandonado a Don Bosco empezaron a volver.
Temprano en la ma√Īana, los d√≠as festivos, Don Bosco abr√≠a la peque√Īa iglesia y confesaba hasta la hora de la misa, en cuya homil√≠a presentaba la Historia Sagrada. La narraba por episodios, en una forma sencilla y popular: los chicos la esperaban con alegr√≠a, de ella gustaban tambi√©n los adultos y hasta los mismos sacerdotes. Despu√©s de la misa hab√≠a clases hasta el mediod√≠a. A la una, un poco de recreo y, a las dos y media, el catecismo. Se conclu√≠a con las v√≠speras y una breve charla que invitaba a los muchachos a practicar una virtud durante la semana. Segu√≠a el tiempo libre en que todos pod√≠an jugar en el patio o, si quer√≠an, atender lecciones de canto o de lectura. Don Bosco se val√≠a de estos largu√≠simos recreos para acercarse a los chicos, interesarse de su vida y decirles una buena palabra.
El Marqués de Cavour trató una vez más de acabar con el Oratorio, pero el Rey Carlos Alberto comunicó, a través de un delegado suyo:
‚Äst¬†¬† El Rey quiere que estas reuniones festivas sean ayudadas y protegidas. Si hay peligro de alg√ļn desorden, b√ļsquese la forma de prevenirlo y de impedirlo.
Desde ese d√≠a los guardias del Rey frecuentaron el Oratorio en los d√≠as festivos. ¬ŅResultado? ¬°Tambi√©n ellos se pon√≠an en fila en el confesonario de Don Bosco!
La escuela para los chicos analfabetas no pod√≠a ciertamente bastar una vez por semana, ya desde tiempo Don Bosco la hac√≠a cotidiana con la f√≥rmula nocturna. Pero el problema eran los libros que, con excepci√≥n del catecismo, no eran accesibles para muchachos sencillos. Las homil√≠as del domingo se transformaron entonces en la Historia Sagrada para uso de las escuelas, un libro de texto popular, rico de episodios √ļtiles para los alumnos y capaz de poner en luz los elementos fundamentales de la fe. Nacieron adem√°s El sistema m√©trico decimal simplificado y El joven instru√≠do. El estudio que, con inter√©s y sudor, Juancito Bosco hab√≠a realizado, daba ahora sus primeros frutos.

Don Bosco est√° mal
La jornada de Don Bosco era muy dura. Terminado el trabajo en el Hospital del Cottolengo y en el Refugio de la Marquesa, se quedaba levantado hasta muy avanzada la noche escribiendo libros para sus muchachos. Apenas podía, iba a verlos en las cárceles y en los sitios donde trabajaban. En fin: les dedicaba todo su tiempo. El exceso de esfuerzo amenazaba minar seriamente su salud. Don Borel lo envió a descansar donde un amigo suyo, párroco cerca de Superga, pero también allí los chicos iban a buscarlo.
‚Äď ¬†¬†¬† Al regreso ‚Äď narra Don Bosco ‚Äď fui v√≠ctima de una grave postraci√≥n. Tuvieron que llevarme a la cama. Estaba seriamente enfermo. En ocho d√≠as me hall√© entre la vida y la muerte.
En cuanto se supo la noticia, centenares de muchachos llegaron a su cabecera a pedir informes. Lloraban sin interrupción y no querían alejarse. Muchos de ellos hicieron sacrificios, ayunos y promesas a la Virgen. Y Ella los escuchó.
Esa enfermedad le cay√≥ en julio de 1846, cuando viv√≠a a√ļn en el Refugio. Despu√©s habr√≠a pasado a Valdocco. Pero antes fue a los Becchi, para algunos meses de convalecencia en casa de sus familiares.

Mam√° Margarita y la nueva familia
En poco tiempo mamá Margarita lo volvió a la normalidad. Los jóvenes seguían yendo a verlo también en los Becchi y, ahora que estaba mejor, debía volver. Habían quedado libres dos cuartitos en Casa Pinardi y quería alquilarlos. Conociendo a  su madre se atrevió a decirle:
‚Äst¬†¬† Mam√°, tengo que ir a vivir en Valdocco. Deber√≠a contratar a una¬† persona de servicio, pero en esa casa habita gente de la que un sacerdote no puede fiarse. ¬ŅPuedes venir t√ļ?
‚Äst¬†¬† Si crees que √©sta sea la voluntad del Se√Īor, estoy lista para ir contigo.
Margarita hac√≠a un sacrificio enorme. All√≠ donde estaba era una reina, los nietos que siempre hab√≠a deseado la rodeaban de afecto, se trataba de una elecci√≥n heroica. Metieron sus pocas cosas en una canasta y emprendieron el camino hacia Valdocco. Margarita transform√≥ su ajuar de esposa en ornamentos y vestiduras lit√ļrgicas para la capillita. Comenz√≥, junto con el hijo, a remendar la ropa de los pobres alba√Īiles que ped√≠an ayuda a Don Bosco, y a cuidarlos. El domingo era m√°s hermoso en el Oratorio, ¬°ahora los chicos ten√≠an tambi√©n una mam√°!
Una noche lluviosa de mayo golpe√≥ a la puerta un chico sobre los 15 a√Īos:
‚Äst¬†¬† Soy un pobre hu√©rfano. Vengo de la Valsesia en busca de trabajo. Ya no tengo nada.
‚Äst¬†¬† ¬ŅY ahora d√≥nde quieres ir? ‚Äď le pregunt√≥ Don Bosco.
‚Äst¬†¬† No s√©. Por favor, d√©jenme pasar la noche en un rinc√≥n.
El pobre rompió a llorar, también la buena mamá se conmovió. Don Bosco, tras asegurarse que no habría robado nada como ya había sucedido con otros, dijo:
‚Äst¬†¬† Mam√°, si est√°s de acuerdo lo hacemos dormir aqu√≠.
‚Äst¬†¬† ¬ŅAqu√≠ d√≥nde?
‚Äst¬†¬† En la cocina.
‚Äst¬†¬† ¬ŅY si se lleva las ollas?
‚Äst¬†¬† Har√© que no suceda.
‚Äst¬†¬† Entonces, de acuerdo.
Mam√° Margarita, con un poco de paja, prepar√≥ una cama para el muchacho y, antes de acomodarle las frazadas, le ense√Ī√≥ algunas oraciones. Nac√≠a en ese momento una familia que habr√≠a crecido enormemente y que se llama Familia Salesiana.
Como en el caso de Bartolom√©, Don Bosco no qued√≥ satisfecho con un hu√©rfano solo. Pasando el tiempo el n√ļmero de alumnos internos habr√≠a aumentado, la caridad de la gente lo habr√≠a ayudado a alquilar y a construir m√°s cuartos que los habr√≠an acogido en la nueva familia.

El Oratorio crece
El Oratorio crece enormemente y, como una colmena, enjambra. De acuerdo con Don Borel, Don Bosco alquil√≥ una peque√Īa casa junto a Porta Nuova y fund√≥ el Oratorio de San Luis, que adopt√≥ el mismo sistema y reglamento de Valdocco. Don Jacinto Carpano se encarg√≥ de tomar su direcci√≥n.
Gracias a Dios los colaboradores comenzaron a ser siempre m√°s numerosos. M√ļsicos insignes, como Don Nasi y Don Chiatellino, se unieron al Oratorio y¬† dieron vida a un apreciado coro de voces blancas que se exhib√≠a en las parroquias de Tur√≠n. La Alcald√≠a de la ciudad y varios bienhechores asignaron premios en dinero a estos muchachos, y tambi√©n los hu√©rfanos internos pudieron de esta forma tener alimentos y hospedaje.
Varias veces trataron de convencer a Don Bosco que se metiera en política, que llevara a sus jóvenes a mítines cívicos. Rehusó siempre, y siempre dirá:
‚Äď ¬†¬†¬† ¬°Nuestra pol√≠tica es la del Padre nuestro!
Algunos muchachos no lo dejaban nunca, Miguel Rua y José Buzzetti los primeros: constantemente con él, lo ayudaban lo mejor que podían.

Contemplativo en la acción
Muchos se han preguntado con frecuencia:
‚Äď ¬†¬†¬† Con¬† tanto trabajo, ¬Ņcu√°ndo encontraba Don Bosco el tiempo para su vida espiritual? ¬Ņcu√°ndo rezaba?
La respuesta, data en su momento tambi√©n por el Papa P√≠o XI, es la siguiente: ‚Äú¬ŅCu√°ndo no rezaba Don Bosco?‚ÄĚ. Don Bosco rezaba siempre. Estaba unido al Se√Īor en todo lo que hac√≠a, ense√Īaba a sus chicos a rezar antes, durante y despu√©s de cada acci√≥n importante del d√≠a. Soportar el fr√≠o y el calor, aguantar descansados o cansados en un patio repleto de muchachos, eran las mortificaciones que recomendaba much√≠simo a sus colaboradores:
‚Äď ¬†¬†¬† ¬°No hag√°is grandes mortificaciones! Cumplir bien con el deber cotidiano es ya un gran sacrificio. Es all√≠ donde el Se√Īor os espera cada d√≠a.
En la tarde dedicaba a lo menos una hora de adoraci√≥n al Se√Īor, ¬°en ese momento no exist√≠a para nadie! Cuando caminaba o viajaba le rezaba a la Virgen. Al concluir la jornada, despu√©s de haber dado las buenas noches a sus muchachos, ya no hablaba hasta despu√©s de la misa de la ma√Īana siguiente: era el tiempo del di√°logo con el Se√Īor. ¬°Don Bosco nunca estaba solo!
Por esta raz√≥n le fueron concedidas gracias extraordinarias por centenares. Numerosos testigos, entre los cuales muchos de sus chicos y colaboradores adultos, lo vieron multiplicar casta√Īas o panes, obtener curaciones¬† milagrosas por intercesi√≥n de Mar√≠a Auxiliadora. Un hombre que no reza no puede hacer cosas semejantes.
Don Bosco era un contemplativo en la acción y así quería que fueran también sus salesianos.

Nuevos ambientes
A estas alturas los huérfanos aumentaban y los cuartitos resultaban siempre más chicos. Un día festivo, mientras Don Borel predicaba, Don Bosco se cruzó como de costumbre con el Sr. Pinardi.
‚Äst¬†¬† Un momento, Don Bosco: ¬°debe comprarme toda la casa!
‚Äst¬†¬† Pero la suma que usted me pide es demasiado elevada.
‚Äst¬†¬† Ofrezca usted, entonces.
‚Äst¬†¬† La hice apreciar por un amigo com√ļn. Su valor est√° entre las 26 y las 28 mil liras. Le doy 30.
‚Äst¬†¬† Est√° bien: si me paga al contado, trato hecho.
‚Äst¬†¬† Al contado.
‚Äst¬†¬† Entonces, el pago entre quince d√≠as. ¬°100 mil liras de multa a quien se echa atr√°s!
‚Äst¬†¬† ¬°Est√° bien!
Treinta mil liras eran tantas. Pero la Providencia se las hizo llegar en pocos d√≠as. ¬ŅC√≥mo pod√≠a saberlo? No lo sab√≠a: confiaba en Dios.
A√ļn faltaba espacio, la iglesia era demasiado peque√Īa. Organiz√≥ una gran loter√≠a, moviliz√≥ a los nobles de Tur√≠n, pidi√≥ ayuda a los obispos de las di√≥cesis de los muchachos que acog√≠a y, en 1851, se bendijo la primera piedra de la iglesia de San Francisco de Sales. En once meses fue construida, la inauguraci√≥n result√≥ una fiesta incre√≠ble, los peri√≥dicos se hicieron eco durante d√≠as.
El Oratorio era una realidad y los bienhechores segu√≠an apoy√°ndolo. Los muchachos internos aumentaban, varios iban a trabajar afuera como aprendices donde artesanos profesionales. Don Bosco fue uno de los primeros en Italia que se preocup√≥ de hablar con los due√Īos para que trataran bien a los muchachos, pidi√©ndoles medidas de seguridad, horas no excesivas de trabajo y el justo descanso. Firmaba √©l los contratos y, si no eran respetados, retiraba a los aprendices. Pronto se dio cuenta que afuera los chicos corr√≠an muchos peligros morales, se perd√≠a el trabajo hecho pacientemente cuando estaban en el Oratorio. ¬ŅQu√© hacer? Cuando joven hab√≠a trabajado tambi√©n √©l,¬† era hora de volver a comenzar.

Talleres
Otros ambientes, otros bienhechores, otras humillaciones, pero todo por el bien de sus muchachos. En oto√Īo de 1853 Don Bosco comenz√≥ los talleres de zapater√≠a y de sastrer√≠a. El mismo fue el primer maestro de taller: se sent√≥ a la mesita y martille√≥ la suela delante de cuatro muchachitos. Pocos d√≠as m√°s tarde cedi√≥ el puesto de maestro a un colaborador suyo. Los primeros maestros de sastrer√≠a fueron Don Bosco y, esta vez, tambi√©n mam√° Margarita. En 1854 abri√≥ el taller de encuadernaci√≥n, en 1856 la carpinter√≠a y, m√°s tarde, la tipograf√≠a. Con el tiempo llegaron en casa verdaderos y aut√©nticos maestros, que produc√≠an y ense√Īaban el oficio a lo muchachos.
Los internos pasaban ya de 65, se escribi√≥ un reglamento para recibir solo a los hu√©rfanos y a los m√°s necesitados: el Oratorio no quer√≠a ser una ‚Äúcasa de obreros‚ÄĚ, sino una verdadera casa de educaci√≥n. Junto a los artesanos hay los estudiantes, que no frecuentan ya la escuela nocturna sino la diurna: muchos de ellos se har√°n salesianos.

Lecturas católicas
En esos a√Īos hubo, gracias a nuevas leyes del estado, la emancipaci√≥n de hebreos y protestantes y fue necesario instruir a la gente, en especial a los j√≥venes. Los protestantes, en efecto, publicaban tres peri√≥dicos que confund√≠an las ideas de los sencillos; adem√°s contaban con mucho dinero y daban ayudas a quienes frecuentaban sus escuelas y templos. Don Bosco inici√≥ entonces a escribir algunas p√°ginas esquem√°ticas sobre la Iglesia Cat√≥lica y a preparar peque√Īos carteles, impresos tambi√©n en sus talleres, con el t√≠tulo Recuerdos para los Cat√≥licos. Tras el √©xito de las primeras entregas, pas√≥ al proyecto de las Lecturas Cat√≥licas, que har√≠an un inmenso bien al pueblo.
Los protestantes trataron en varias ocasiones de matar a Don Bosco. Muchas veces fue asaltado en la calle y otras tantas se salv√≥. Cuando por la noche lo llamaban a confesar a alg√ļn enfermo grave, se hac√≠a acompa√Īar por Jos√© Buzzetti y otros muchachos ya grandes: con frecuencia fue necesario que ellos intervinieran para defenderlo de alg√ļn atentado.
Entr√≥ en acci√≥n hasta un misterioso perro, que Don Bosco llam√≥ ‚Äúel Gris‚ÄĚ y que, en m√°s de una circunstancia, lo salv√≥ de gente malintencionada. El Gris aparec√≠a y desaparec√≠a a su gusto y nadie supo jam√°s de donde viniera. M√°s tarde Don Bosco dir√°:
‚Äď ¬†¬†¬† Decir que sea un √°ngel har√≠a re√≠r. Pero no se puede tampoco decir que sea un perro ordinario.

Nacen los salesianos
En 1852 Don Bosco comenz√≥ a hacer una serie de conferencias secretas a los mejores entre sus muchachos. Miguel Rua ten√≠a 15 a√Īos. A diferencia de otros, no se asustaba cuando Don Bosco repet√≠a que el Oratorio habr√≠a llegado a tener miles de muchachos, se habr√≠a trasplantado en toda Italia, y tras los Alpes, y hasta m√°s all√° de los oc√©anos. En oto√Īo de 1853 Don Bosco le dijo:
‚Äst¬†¬† Necesito que me eches una mano. Para la fiesta de la Virgen del Rosario vienes conmigo a la capillita de los Becchi. All√≠ el p√°rroco de Castelnuovo te pondr√° la sotana negra de los cl√©rigos. As√≠, al comienzo del nuevo a√Īo escolar (1853-54) ser√°s asistente y profesor de tus compa√Īeros. ¬ŅEst√°s de acuerdo?
‚Äst¬†¬† De acuerdo.
Una de esas tardes Miguel, pensativo, preguntó a Don Bosco:
‚Äst¬†¬† ¬ŅRecuerda nuestro primer encuentro? Ud. hab√≠a repartido medallas y para m√≠ no qued√≥ ninguna. Entonces hizo el gesto de darme la mitad de su mano. ¬ŅQu√© quiso decir con eso?
‚Äst¬†¬† ¬ŅTodav√≠a no has entendido? Quer√≠a decir que nosotros haremos a medias en todo, ¬°hasta en las deudas! Pero tambi√©n en el Para√≠so.
El 26 de enero de 1854 cuatro j√≥venes, que hab√≠an tomado parte a esas conferencias secretas, asumieron m√°s seriamente el compromiso de servir a sus compa√Īeros. En su libreta de apuntes Miguel Rua esa noche escribi√≥: ‚ÄúEn el cuarto de Don Bosco nos hemos reunido Rocchietti, Artiglia, Cagliero y Rua. Se nos ha propuesto hacer, con la ayuda del Se√Īor y de San Francisco de Sales, una prueba de ejercicio pr√°ctico de caridad hacia el pr√≥ximo. M√°s tarde haremos una promesa y luego, si ser√° posible, un voto al Se√Īor. A los que hacen esta prueba y la har√°n despu√©s se les dar√° el nombre de Salesianos‚ÄĚ.
El 25 de marzo de 1855 Miguel Rua hizo voto de pobreza, castidad y obediencia en las manos de Don Bosco, fue el primer salesiano.
Don Bosco comenzó a escribir las reglas de la  nueva Congregación y en febrero de 1858, por sugerencia del Arzobispo de Turín, fue a Roma donde lo recibió el  Papa Pío IX, que bendijo su iniciativa y le dio preciosos consejos. El 18 de diciembre de 1859,  en el cuartito de Don Bosco, se reunieron diecisiete de sus estrechos colaboradores. Los había preparado bien sobre los votos de pobreza, castidad y obediencia. Esa noche los profesaron frente al crucifijo y, de esta forma, dieron vida a la Congregación salesiana.

La Virgen regala diamantes
Mar√≠a Auxiliadora comenz√≥ a bendecir m√°s intensamente el trabajo de Don Bosco. Hizo algunos regalos especiales que podemos comparar a verdaderas y aut√©nticas piedras preciosas. Entre todos los muchachos recibidos en el Oratorio y educados con el sistema que Don Bosco llamaba Preventivo, algunos se distinguieron no solo por la bondad no com√ļn, sino tambi√©n por la extraordinaria santidad. Primero entre todos fue Domingo Savio. Se entreg√≥ a Don Bosco como si fuera un trozo de tela en las manos de un sastre y el resultado fue un hermos√≠simo traje digno del Se√Īor. Don Bosco mismo escribi√≥ su vida y, cada vez que volv√≠a a leerla, se conmov√≠a hasta derramar l√°grimas.
Despu√©s de √©l vino Miguel Magone, un terremoto que hab√≠a encontrado en la estaci√≥n de Carmagnola. Era el general de la banda de la Mano Negra, pero no era general de su propia vida. Don Bosco lo recibi√≥ en el Oratorio y sigui√≥ una sorprendente conversi√≥n A los 150 a√Īos de la muerte todav√≠a se habla de √©l, es amado porque numerosos granujillas se reconocen en su historia y ven que tambi√©n ellos, con las ense√Īanzas de Don Bosco, pueden hacer grandes cosas.
Otros jóvenes realmente buenos pasaron por el Oratorio. Varios de ellos, al crecer, llegaron a ser verdaderos y auténticos santos.

Misma vida en Mornés
Don Bosco no pensaba solo en sus jóvenes. En las Obras de la Marquesa de Barolo había trabajado para chicas abandonadas y Pío IX lo invitó explícitamente a continuar haciéndolo. Esperaba dar con buenas colaboradoras que pudieran organizar, para el sector femenino, un proyecto semejante al suyo. A veces la Providencia nos asombra. Simplificando muchísimo el proceso, indicamos cómo lo hizo en este caso.
En Morn√©s, pueblo de las colinas del Monferrato, Mar√≠a Mazzarello y la amiga Petronila estaban viviendo una experiencia no lejana de la de Don Bosco: hab√≠an abierto un taller de costura para las chicas pobres y el domingo reun√≠an a muchas otras para juegos y catecismo. Un d√≠a un pap√° les trajo a dos hijitas suyas: estaba solo y ya no pod√≠a cuidarlas. Mar√≠a y Petronila las tomaron consigo. Desde tiempo, guiadas por el √≥ptimo vicep√°rroco Don Pestarino, hab√≠an emprendido un serio camino espiritual y creado, junto con otras chicas, el grupo de las ‚ÄúHijas de la Inmaculada‚ÄĚ.
Don Bosco vio que eran lo que estaba buscando. De acuerdo con Don Pestarino ‚Äďque m√°s tarde se har√° salesiano‚Äď fund√≥ en 1872, junto con Mar√≠a Mazzarello, la Congregaci√≥n de las Hijas de Mar√≠a Auxiliadora. Mazzarello ser√° su primera superiora, morir√° en 1881: en esa fecha sus religiosas ya habr√°n superado los confines de Italia y de Europa.

Se realizan los sue√Īos
En 1863 Don Bosco abri√≥ la primera casa salesiana fuera de Tur√≠n: le confiaron el peque√Īo seminario de Mirabello Monferrato. No pudiendo ir √©l mismo, enviar√° a Don Rua. Para √©l escribir√° algunas p√°ginas confidenciales que lo ayudar√°n a hacer un buen trabajo. Mientras tanto los j√≥venes aumentan y la iglesia de San Francisco de Sales ya no basta. Don Bosco tiene que movilizar una vez m√°s a los bienhechores, organizar loter√≠as y pedir limosna a los ricos, ya no solo de Tur√≠n sino de muchos otros sitios que, a estas alturas, conocen y aprecian su obra. En marzo de 1864 se pone la primera piedra del santuario de Mar√≠a Auxiliadora de Valdocco: ser√° consagrado el 9 de junio de 1868.
El 1¬į de marzo de 1869 la ‚ÄúP√≠a Sociedad Salesiana‚ÄĚ fue aprobada por la Santa Sede.
Los sue√Īos misteriosos, finalmente, comenzaban a realizarse.

Don Bosco en el mundo
Ya en el seminario de Chieri Don Bosco se sent√≠a atra√≠do por las misiones: deseaba llevar el Evangelio y su sistema educativo hasta los confines del mundo. Absorbido por tanto quehacer y por la fundaci√≥n del Oratorio, durante a√Īos dej√≥ de lado el proyecto. Pero entre 1871 y 1872 hizo un sue√Īo misionero. Vio a una muchedumbre necesitada de ayuda que viv√≠a en una inmensa llanura sin cultivar, a misioneros que trataban de socorrerla y que eran sacrificados ferozmente. Los salesianos, en el sue√Īo, fueron los √ļnicos que lograron instruir a esa gente y a sus hijos.
Mientras tanto comenz√≥ a recibir muchos pedidos de obispos de otros continentes que deseaban contar con los salesianos. Acept√≥ la Patagonia porque, despu√©s de consultar mapas, la reconoci√≥ como la tierra del sue√Īo.
El 11 de noviembre de 1875 nacen las Misiones Salesianas, que se extenderán después en todo el mundo. En el santuario de María Auxiliadora repleto de gente, Don Bosco entregó el crucifijo a los primeros diez misioneros que salían para América del Sur. Los guiaba Don Juan Cagliero, él también uno de los primeros chicos del Oratorio.

Los Salesianos Cooperadores
Don Bosco deseaba que su sistema educativo fuera llevado tambi√©n a la sociedad laica, quer√≠a que sus salesianos entraran en las escuelas p√ļblicas y dondequiera se encontraran j√≥venes no pertenecientes a sus obras. Inicialmente imaginaba en ese sentido la figura del coadjutor salesiano pero, en un segundo tiempo, comprendi√≥ que necesitaba dar vida a otra vocaci√≥n: los salesianos cooperadores, que el mismo llamar√° ‚Äúsalesianos externos‚ÄĚ. Se trata de personas que deciden seguir un reglamento de vida apost√≥lica propuesto por el fundador, sin profesar los votos y llegando a ser, de esta forma, verdaderos¬† y aut√©nticos salesianos en el mundo.
El 9 de mayo de 1876 Papa P√≠o IX aprob√≥ los ‚ÄúSalesianos Cooperadores‚ÄĚ. Son los amigos de las¬† obras de Don Bosco, que trabajan para la salvaci√≥n de la juventud y lo ayudan con medios econ√≥micos. Don Bosco antes de morir les dir√°: ‚ÄúSin vuestra caridad, yo poco o nada habr√≠a podido hacer‚ÄĚ.
En 1877, para comunicar con sus Cooperadores, que ya son centenares de miles, Don Bosco funda el ‚ÄúBolet√≠n Salesiano‚ÄĚ. Es una revista mensual ilustrada que lleva a todos las noticias de la Congregaci√≥n, las cartas de los misioneros que trabajan en los l√≠mites del mundo, la palabra del fundador. Tendr√° un desarrollo enorme.

Viajes en Europa
Pero, cuanto más las obras salesianas se propagaban en el mundo, tanto más exigían enormes sumas de dinero. Había que sostener las misiones de América y mantener a miles de jóvenes abandonados. Don Bosco ya era conocido y amado en gran parte de Europa y la fama de su santidad seguía extendiéndose. Muchas personas acudían a él pidiendo gracias y oraciones, el lo confiaba todo a María Auxiliadora, muchísimos eran escuchados.
En los √ļltimos a√Īos de su vida se vio obligado a peregrinar por Italia, Francia y Espa√Īa en busca de limosnas, un trabajo agotador. La Virgen bendijo visiblemente tambi√©n estos viajes: las manos de Don Bosco devolv√≠an la vista a los ciegos, el o√≠do a los sordos, la salud a los enfermos. En toda Europa lo llamaban ‚Äúel cura que hace los milagros‚ÄĚ.

A su tiempo todo lo comprender√°s
A inicios de mayo de 1887 termin√≥ un √ļltimo viaje a trav√©s de Espa√Īa, limosnando por encargo del Papa Le√≥n XIII, que le hab√≠a confiado la construcci√≥n de un templo al Sagrado Coraz√≥n en Roma. Estaba muy cansado, pero el 14 de ese mes se hall√≥ presente en la grande ceremonia de la consagraci√≥n en la ciudad eterna.
El día siguiente subió al altar del hermoso templo para celebrar la misa. Acababa de iniciarla cuando el secretario, Don Viglietti, que lo asistía, lo vio romper a llorar: el llanto se repitió por quince veces durante la misa. Al final casi tuvieron que llevarlo a la sacristía, donde Don Viglietti le preguntó, sumamente preocupado:
‚Äst¬†¬† Don Bosco, ¬Ņqu√© le pasa? ¬ŅSe siente mal?
Don Bosco negó con la cabeza y contestó:
‚Äst¬†¬† Ten√≠a ante lo ojos, viva, la escena de mi primer sue√Īo, a los nueve a√Īos. Ve√≠a y escuchaba a mi mam√° y a mis hermanos que discut√≠an sobre lo que yo hab√≠a so√Īado‚Ķ
En ese lejano sue√Īo laVirgen le hab√≠a dicho: ‚ÄúA su tiempo todo lo comprender√°s‚ÄĚ. Ahora, mirando hacia atr√°s, le parec√≠a comprender realmente todo.
Hacia el final del a√Īo Don Bosco se fue debilitando siempre m√°s. Don Rua, vista la situaci√≥n, envi√≥ un telegrama a Juan Cagliero, entonces obispo y misionero en Patagonia, que inmediatamente volvi√≥ a Turin.
Don Bosco muri√≥ al amanecer del 31 de enero de 1888. A los salesianos que velaban junto a su lecho, en los √ļltimos instantes les murmur√≥:
‚Äst¬†¬† Decidles a mis muchachos que los espero a todos en el Para√≠so.